miércoles, 22 de junio de 2011

¿Los escritores y artistas son locos?

Simple y brevísima nota para algunos amigos.

                        El gran Antonin Artaud                                    


Por Armando Almánzar Botello


Decía Salvador Dalí: "La única diferencia entre un loco y yo, es que yo no estoy loco".

La "locura" es la ausencia de obra (Foucault). La obra es efecto, entre otras cosas, de la integración y subordinación de los mecanismos de la "locura" al proceso creador.

La obra es sueño y delirio orientados, dirigidos por una “voluntad de articulación semiótica” que se manifiesta capaz, en el acto de escritura y producción de la forma, de mantener un diálogo problemático, difícil pero sostenido, con el caos y lo informe.

Muchos de los "escribanos" sólo somos mancos como Cervantes, ciegos como Homero y Borges, "psicóticos ordinarios" (Lacan) como Joyce, "enfermos de la mentalidad" (Lacan) como Pessoa, cojos como Lord Byron, psicótic@s "suicidadas" como Virginia Woolf y Alejandra Pizarnik; o simplemente feos como Sócrates (caja rústica que oculta un tesoro incomparable, como le dijo Alcibíades)...

O en su defecto, también los “criadores” podemos ser: simples bufones trujillistas como Don Paco Escribano y/o divinidades estrábicas como Venus, la diosa del amor... Pero sin obra creadora compensatoria que avale y trascienda nuestras minusvalías tristes…

El resto es "vanidad de vanidades”, como dijo la gran Mafalda.

La gran obra entre(abierta) habla(rá)… seductora(mente)... Aunque tampoco la misma creación genial, como lo es la de un Shakespeare, por ejemplo, participa(rá) de la inmortalidad en sentido trascendentalista. 


Aquella será inmortal mientras un lector inteligente y finito disfrute de su configuración-sentido y descubra nuevas avenidas semánticas para sobrevolar el desastre.

La gran obra participa de la inmortalidad en el claroscuro, en el medio-decir, en los paradójicos instantes indestructibles de la lectura.

Para ser abierta, una obra debe ofrecer en su “dación de forma”, en los meandros de su escritura -de modo oblicuo, fractal: explícito/implícito-, un diálogo rico y complejo entre razón y sinrazón, entre comunidad semántica del lazo social y retracción del secreto inabordable...

La cordura, entendida como salud textualizada y lucidez escritural, se encuentra más allá de la banalidad de lo “normal” y de su mera negación irreflexiva.

Santo Domingo, República Dominicana.

1 comentario :

victor miguel dijo...

gracias por dejarme leerlo, muy interesante su articulo