martes, 7 de julio de 2009

ALGUNOS JUICIOS CRÍTICOS SOBRE LA OBRA DE ARMANDO ALMÁNZAR BOTELLO

sábado 4 de julio de 2009

Dice Pedro Conde Sturla:

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Pedro Conde Sturla

En esta segunda entrega del artículo de Armando Almánzar Botello, el sigiloso “Cazador de agua y otros textos mutantes”, se aclaran ciertos sentidos que se perdieron cuando el texto tuvo que ser dividido por razones de espacio y me obligó a improvisar, a publicar una parte que no correspondía precisamente al título, aunque lo anticipa de muchas maneras.
Ahora sí lo pueden ver al cazador capturando a su presa, lo pueden leer en su ejercicio lúdico, disertando brillantemente, alegremente, navegando entre el plagio de Bryce Echenique, que para él es “en realidad, chiste genial, boutade de altos quilates para ‘ojos que saben traspasar adornos y atavíos’”, y esa Madame Bovary que “en pleno falocratismo del siglo XIX, reivindica a la mujer como espacio transgresivo de la des-apropiación.”

http://www.elcaribecdn.com.do/site/index.php?option=com_content&view=article&id=211412:almanzar-botello-entre-bryce-echenique-y-madame-bovary-y-2&catid=292:pedro-conde-sturla&Itemid=353

Publicado originalmente en El Caribe. 13 de Jun 2009
Dentro de este blog:
Pedro Conde Sturla es escritor pedro.conde@codetel.net.do

Dice Odalís G. Pérez


Odalís G. Pérez

“Ligado al vertimiento de una semántica ‘desemantizada’, el Cazador de agua es un dios, pero un ‘dios escrito’ parecido a Genet, a Mishima o a Beckett.... El contacto con esta obra asegura el conocimiento de lo que ha sido el fenómeno poético dominicano actual en sus principales búsquedas...” Odalís G. Pérez.

Dice César Augusto Zapata:


César Augusto Zapata

“Francis Bacon vuelve. Slaughterhouse’s crucifixion’, nos pone ante una original forma de escritura que no oculta, sin embargo su tradición, y a un tiempo nos revela metapoéticamente sus claves escriturales, dándonos a ver desde Henri Michaux hasta la experiencia Camp”. César Augusto Zapata.

Dice José Mármol:


José Mármol

"Cazador de agua y otros textos mutantes, de mi admirado amigo Armando Almánzar Botello, es para mí una revelación, un síntoma de cuánto podría este libro cambiar, tornar interesante y fértil, quiero decir, el panorama poético, no sólo de la República Dominicana, sino en Hispanoamérica". José Mármol.

Dice Alexis Gòmez Rosa:


Alexis Gómez Rosa

“Francis Bacon, vuelve. Slaughterhouse’s Crucifixion’, instaura un nuevo código discursivo que hace de su dicción un entramado de sólidas arquitecturas verbales e insólitos hallazgos expresivos”. Alexis Gómez-Rosa.

Dice Marcio Veloz-Maggiolo:


Marcio Veloz Maggiolo

"He dicho que escribo a “lo Almánzar”, no me interesan sino las sensaciones que producen sus resonancias y disonancias. Digo que sus visiones del mundo orillan, en la post-modernidad, las de un Bosco caribeño que recrea el universo con el que intenta dejar de soñar. En su soledad y en su atasco de pasiones, Almánzar Botello incluye a políticos, a poetas, a una fauna esotérica y mistérica que en la realidad es sólo materia prima para su justificación de la metáfora".

"Digo que sus visiones del mundo orillan, en la post-modernidad, las de un Bosco caribeño que recrea el universo con el que intenta dejar de soñar. En su soledad y en su atasco de pasiones, Almánzar Botello incluye a políticos, a poetas, a una fauna esotérica y mistérica que en la realidad es sólo materia prima para su justificación de la metáfora”.

Marcio Veloz-Maggiolo, El Sueño y la Palabra.(Francis Bacon, vuelve, de Armando Almánzar Botello). Publicado en Listín Diario. 25 de julio, 2007

Almánzar Botello: entre Bryce Echenique y Madame Bovary (1)

sábado 6 de junio de 2009

Por Pedro Conde Sturla


Almánzar Botello


Armando Almánzar Botello es una criatura extraña, fuera de serie, fuera de toda serie.

Cuando me reúno con él en El Palacio de la Esquizofrenia -y hace tiempo que no nos reunimos-, el diálogo adquiere giros inauditos, porque Armando es dueño de una jovial erudición que seduce y deja maravillado al interlocutor por las ideas que destila y por la forma entusiasta que les imprime.

Artes plásticas, lingüística, literatura, sicología y otras disciplinas forman parte de su amplio dominio de la cultura. Poco o nada escapa a su conocimiento en estas áreas, pero además –como buen personaje de Borges- es un notable memoriógrafo.

Recita a Dante, sin conocer su lengua, en italiano inteligible y en su conversación uno siente que está abrevando en la fuente del saber, sin que jamás asome en sus palabras el mínimo dejo de pedantería.

Almánzar Botello es autor, entre otras cosas, de “Cazador de agua y otros textos mutantes” (una antología poética que recoge poemas de los años 1977 y 2002), y “Francis Bacon, vuelve. Slaughter-house’s Crucifixion”. Esta última entrega ha sido definida por Marcio Veloz Maggiolo como “una esotérica visión del mundo astral, o de lo que pudiera serlo. Mundo a veces dantesco, dantiano cuando el tacto apunta a ser y dar a los sentidos una explicación microscópica”.

No queda mucho espacio en esta página para ampliar la presentación de Armando Almánzar Botello, y prefiero que se presente él mismo con su característica dosis de humor e irreverencia. La misma que se anuncia desde el título de su artículo, el artículo invitado de hoy, un acertijo crítico y un diálogo entre Bryce Echenique y Madame Bovary, un juicio a contrapelo de la lógica formal y cualquier otro formalismo.

Almánzar Botello: entre Bryce Echenique y Madame Bovary (y 2)
Por Pedro Conde Sturla
13 de Jun 2009 12:00 AM

En esta segunda entrega del artículo de Armando Almánzar Botello, el sigiloso “Cazador de agua y otros textos mutantes”, se aclaran ciertos sentidos que se perdieron cuando el texto tuvo que ser dividido por razones de espacio y me obligó a improvisar, a publicar una parte que no correspondía precisamente al título, aunque lo anticipa de muchas maneras.

Ahora sí lo pueden ver al cazador capturando a su presa, lo pueden leer en su ejercicio lúdico, disertando brillantemente, alegremente, navegando entre el plagio de Bryce Echenique, que para él es “en realidad, chiste genial, boutade de altos quilates para ‘ojos que saben traspasar adornos y atavíos’”, y esa Madame Bovary que “en pleno falocratismo del siglo XIX, reivindica a la mujer como espacio transgresivo de la des-apropiación.”

JURÍDICAMENTE CULPABLE Y HUMORÍSTICAMENTE INOCENTE.

En el caso de Bryce Echenique, no hay transformación de los materiales recibidos, sino mera transcripción literal de los mismos.

En este sentido podríamos argumentar que existe plagio, en el sentido vergonzante que ha adoptado esta palabra a partir de cierto momento histórico en el desenvolvimiento de la literatura occidental. (En la Antiguedad y en la Edad Media, por ejemplo, no existía el concepto de plagio: ni literaria ni jurídicamente hablando).

Pero es preciso resaltar que Bryce no "hurta" regularmente obras de ficción, sino simples artículos periodísticos o académicos que casi siempre son mera reproducción inerte de ideas que forman parte del clima espiritual de nuestra época, de una especie de atmósfera de conciencia colectiva contemporánea.

Con ello, Bryce está sacando de su gris anonimato a ciertos cagatintas (no todos), que en lugar de vanidosamente denunciarlo como plagiario, deberían agradecerle al gran escritor peruano sus esfuerzos por inmortalizarlos.

Por otro lado, y lamentablemente -para muchos “odiadores” del autor que nos ocupa-, la obra creativo-transformativa de Bryce permanece libre de toda sospecha de plagio, por lo menos en el sentido que permitió someterlo a la acción judicial.

A "mi" entender, Bryce es un humorista en la tradición de Swift, Chesterton y el non-sense británico. Un ostentador paródico-satírico, además, de ciertas aristas propias de la histeria genial de Flaubert.

Después de Bryce escudarse -ante las primeras acusaciones de plagio-, en su declaración de que "toda la culpa era de su secretaria, por esta haber confundido ciertos papeles en la oficina", llega el momento en que se siente "acorralado" por el peso de las evidencias aportadas por los demandantes, y declara al fin: "¡MI SECRETARIA SOY YO!".

Confesión de su responsabilidad en la comisión de los hechos que se le imputaban (desde el punto de vista jurídico-moral), pero en realidad, chiste genial, boutade de altos quilates para "ojos que saben traspasar adornos y atavíos".

Estamos frente a la variante postmoderna del flaubertiano "¡Madame Bovary soy yo!"... declaración provocadora por medio de la cual Flaubert, en pleno falocratismo del siglo XIX, reivindica a la mujer como espacio transgresivo de la des-apropiación.

¡Cuánta gracia y acierto los de Bryce para descalificar los escritos "propios" de los gacetilleros y pseudo-ensayistas actuales que nunca cesan en el pegoteo semántico de sus inepcias, en la roma reproducción de ideologemas y culturemas que, en medios huérfanos de tradición cultural consistente como lo es el nuestro, pasan por ideas originales, "personalísimas" y brillantes... ¡Si por lo menos tuvieran el decoro del "estilo"!...

Aunque en el caso de Bryce, el hurto de baratijas también puede interpretarse como un homenaje a la bisutería de tocador que tanto amamos, y a los viejos "prenderos italianos que tanto padecimos". ¡Oh, Madame Bovary, ora pro nobis peccatoribus!.

Existen dos tipos de actitudes ante el acto de escritura, decía "yo" hace largos años -y me perdonan, amigos, la inmodestia de citar- "me" a mí mismo (dudo siempre de este mí-mismo): la que consiste en borrar el resplandor del gesto y hurtar a la luz pública una real escritura transformativa, negándose el autor sintomáticamente a publicar lo ya escrito -con el riesgo de que interlocutores "apresurados" le tomen la delantera-, y la de aquellos cleptómanos que publican permanentemente sin haber escrito casi nunca de modo efectivamente textual-transformativo.

Mi (star) sí-mismo, parti(o)cularmente, me incluye en esta última categoría: No considera a mi Yo su maestro, ¡Je!... ¿Moi?. Corresponde a la crítica, dentro de "cincuenta" años, señalar cuáles obras entran en una u otra estrategia discursiva.¡Por ahí se escucha el rumor de sonorosos ríos de tinta!.

En fin, queridos hermanos, podéis iros en paz. Que la gracia del Señor, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre "vuestra escritura".
El que desee, -¡menos Bryce!-, puede apropiarse de estas simples notas o apuntes. Lo excluyo a él en particular, para "yo" no correr el albur monstruoso de la inmortalidad.

Vean ustedes: ¡Cierro con la variante "alman-sa(h)ariana" de un lugar común, ya patrimonio del desierto humano!: Borges.
Si el estilo es (soy) el hombre, la mujer sería (se haría) Madame Bovary, el goce innombrable y sinuoso de la escritura. ¡Mi secretaria soy yo! (Armando Almánzar Botello).

Enredo Brisa Hacenoche
El Nuevo Madrid, Agosto 8 del 2059

ALGUNOS JUICIOS CRÍTICOS SOBRE LA OBRA DE ARMANDO ALMÁNZAR BOTELLO. “He dicho que escribo a ‘lo Almánzar’, no me interesan sino las sensaciones que producen sus resonancias y disonancias.

Digo que sus visiones del mundo orillan, en la post-modernidad, las de un Bosco caribeño que recrea el universo con el que intenta dejar de soñar. En su soledad y en su atasco de pasiones, Almánzar Botello incluye a políticos, a poetas, a una fauna esotérica y mistérica que en la realidad es sólo materia prima para su justificación de la metáfora”. Marcio Veloz-Maggiolo.

"Cazador de agua y otros textos mutantes, de mi admirado amigo Armando Almánzar Botello, es para mí una revelación, un síntoma de cuánto podría este libro cambiar, tornar interesante y fértil, quiero decir, el panorama poético, no sólo de la República Dominicana, sino en Hispanoamérica". José Mármol.

“Francis Bacon, vuelve. Slaughterhouse’s Crucifixion’, instaura un nuevo código discursivo que hace de su dicción un entramado de sólidas arquitecturas verbales e insólitos hallazgos expresivos”. Alexis Gómez-Rosa.

“Francis Bacon vuelve. Slaughterhouse’s crucifixion’, nos pone ante una original forma de escritura que no oculta, sin embargo su tradición, y a un tiempo nos revela metapoéticamente sus claves escriturales, dándonos a ver desde Henri Michaux hasta la experiencia Camp”. César Augusto Zapata.

“Ligado al vertimiento de una semántica ‘desemantizada’, el Cazador de agua es un dios, pero un ‘dios escrito’ parecido a Genet, a Mishima o a Beckett.... El contacto con esta obra asegura el conocimiento de lo que ha sido el fenómeno poético dominicano actual en sus principales búsquedas...” Odalís G. Pérez.
Pedro Conde Sturla es escritor
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NOTA: Ver artículo citado en este link:

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O este otro dentro de este blog:
http://tambordegriot.blogspot.com/2009/05/juridicamente-culpable-y.html

Pedro Conde Sturla es escritor pedro.conde@codetel.net.do
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El Plan

martes 26 de mayo de 2009


             Grabado japonés del maestro Katsushika Hokusai. 1820


El Plan (relato)

Por Armando Almánzar Botello

Para L. N. G.



¡Oh rabia impotente! Parecía que la presencia fatal de un virus electrónico había infectado de forma selectiva los mensajes que los dos se venían comunicando a través del ordenador en el transcurso de aquellos agitados meses de pasión enmascarada. Por ese grave acontecimiento, el sujeto de la escritura no había podido acceder a ciertos archivos que le permitirían definir con más precisión el plan del relato seminal que serviría de base para el otro vuelo.

¿O sería más bien para el descenso al subsuelo ilimitado y monstruoso de su propio ser, de su atroz memoria?... Palabras demasiado convencionales para expresar la terrible perspectiva que se abría ante sus ojos.

Temblaba frente a las puertas entreabiertas del posible cumplimiento, del Plan que vislumbraba, ominoso y ciego como la ruta de un Metro fantasma deslizándose en la noche por interminables galerías subterráneas, clamando por la encarnación de sus espectros en la espesura sombría de su trayectoria inconsciente, ineluctable... Pensó entonces en la frase de Mishima: Se abre hacia la muerte, tal como un kimono de seda se desliza por la pulida superficie de una mesa hasta caer silencioso en la penumbra del piso...

Sintió un escalofrío que recorrió su espina dorsal, y contempló -mientras escribía en el silencio de la noche alta-, la pantalla fosforescente del computador... Al cabo de un rato, apartó la mirada de aquella luz que lo hería, y miró las ventanas oscuras de su cuarto. Pensó entonces en los parques públicos de día, en viejos paraguas olvidados en rincones también sin memoria, en calles al atardecer atravesadas por las corrientes vertiginosas de autos carnívoros, en secretas escaleras que ascendían como promesas de magnolias en la noche, en remotos lugares cerrados donde un hombre y una mujer se desnudan eternamente en la penumbra, para entregarse, resplandecientes de pasión y de extrañas metamorfosis, a ritos innombrables y voluptuosos...

Llegaron a su mente aquellos solares llenos de plantas extrañas, ratas gigantescas, restos de ordenadores y máquinas de finalidad incierta; cucarachas y bichos que creíamos hacía mucho tiempo extinguidos, basureros que aparecen de súbito entre algunos edificios de las grandes ciudades ofreciendo el testimonio de una secreta y vaga verdad de la existencia: la banalidad con la que casi siempre se disfraza el enigma inanticipable del acontecimiento... Porque -pensaba-, no hay nada más misterioso que la basura, que los restos, que los vestigios, que los escombros... Huellas primordiales de la sangre en las palabras terribles que perduran...

En el sujeto de la escritura se ahondaba el hueco, la inclemente verdad de la carencia, el vacío donde agazapada, retorciéndose, ondulante, la peligrosa cobra de la escritura preparaba su fármacon letal.

Al no encontrar en el ordenador los referentes escritos que dieran testimonio de los hechos en apariencia acontecidos entre ellos en los últimos cuatro meses, le parecía que todo había sido un insólito y turbulento sueño del que apenas ahora acababa de despertar, y que esta ensoñación comenzaba, con extraño goce de planta carnívora y angustiosa fiebre delirante, a florecer de nuevo transfigurada en su conciencia, al rememorarla...

Toda la realidad al alcance de sus ojos en la polvorienta buhardilla: arriba, la noche del cielo raso; abajo, la mesa sobre la que escribía iluminada tenuemente por una pequeña lámpara eléctrica, el bolígrafo que sostenía latiendo entre sus dedos entumecidos (escribía ahora a mano, convencida de que la pantalla del ordenador quema los sueños), la página sobre la que trazaba frases inconexas y zigzagueantes, el viejo escritorio sobre el que se reclinaba como sobre un abismo, los libros y objetos dormitando casi vivos en los anaqueles de madera, los pasos enigmáticos de otro huésped del insomnio en la habitación vecina, la sombra voluptuosa de un torso desangrado en la memoria, todo lo que alcanzaba a escuchar y sentir en la alta noche, todo, se consumía como ella en el incendio de la incertidumbre...

De forma parecida a la de Chuang-Tzu, -pensó el sujeto de la escritura.

De forma parecida a la mía leyendo estas frases -prosiguió alguien hablando en voz alta-, que cuando despierto del sueño en el que creí vislumbrar a Chuang-Tzu, no puedo saber si he soñado a Chuang-Tzu, o es él en realidad quien continúa soñándome -incesante como el grito de mi ser-, ahora, aquí, creyéndome despierta en lo que escribo.

Entonces, blandiendo el filoso cuchillo sobre el seno desnudo de la mujer de rasgos orientales -que fosforescía a su lado en el lecho como una dormida y delicada flor de ciruelo-, el innombrable comenzó, con firmeza y precisión, a escribir la verdadera historia...



© Armando Almánzar Botello

RECORDANDO A LOS AMIGOS

martes 26 de mayo de 2009

Por Armando Almánzar Botello

Iván Tovar

RECORDANDO A LOS AMIGOS
Por Armando Almánzar Botello


Travestismo textual que manda Madre –Khôra, Proserpina o la Madonna vaginal de Alta Gracia- por culpa de los tontos de siempre ya he caído (maracas). Por obra de freudianos analistas voy cayendo (cencerros), rodando como un cero por la gótica escalera (güiros y tamboras), rumbo hacia la tinta y sus moluscos persistentes (saxo y acordeón desatan su merengue), hacia el macho mar que no se atreve a subir las escaleras, hacia el púb(l)ico y gimiente musgo de la noche…

Me robo falos vulvas libros lunas rememoro. A los ojos de las lenguas de siempre vivo hundido. Escribo con los cuernos, violo puertas, mato perros: mi Sade y Jean Genet cortan al vuelo…

Tropiezo en la bachata y patizambo pierdo el nombre, escupo la verdad y herido a letras, me derramo. Sangrando sombra espesa mi Ego se descombra, se derrumba, cae a fondo -Luis Alfredo torre alta- del prestigio coronado de lo inmóvil que se apaga, a la gloria chorreante y nerviosa de lo incierto…

Jet of Water: Francis Bacon. Afeitada soledad que se desnuda en frío espejo… ¡Oh fantasmas!...

Algo extraño William Burroughs nos cocina en su sartén, sin pañales ni corpiños: jibias, pulpos, ayahuasca y negra carne de escorpión. A José Lezama Lima blando Pedro Lemebel le lame el limo en mi escritura… Hay penumbra en el dolor… La saliva de Perlongher me sutura las heridas…

Voy, a la carne vulnerable y contingente, a las luces brutales y arbóreas de mi abismo, al nocturno parquecito alumbrado de travestis, a la flema y al semen de la vida sin pañuelos (tensos, briosos, enjoyados glandes brillan su música insolente).

Cae la erección hacia lo alto indecidible. Derrida envía flores. Y después de aquel envío, metafísico el amor, mi fantasma y Gómez Jattin lunas buscan derribar. Luis Alfredo Torres canta con la voz de Proserpina: yo no voy con los cobardes a muchachos bendecir, porque temen los pendejos la navaja y el escollo en el humo violento de aquel bar…

Voy entonces decidido, cazador culebro sabio, al azar necesario que se afirma en el andrógino, en el ojo y un esfínter, en un lirio y los testículos, con su oráculo de labios violados por el clítoris. Teorema en la pocilga: Pier Paolo Pasolini a esta noche le da cine.

Voy, latido corazón entero pájaro la sangre, subiendo hacia el sinfondo con tesón la dura roca, de Sísifo mi lengua humedecida, consciente voluntad de ladrón que ahora me habita, Prometeo revertido y paradójico que busca, su fuego en la ceniza, el ascenso en el descenso, la subida en la caída infernal, Ícaro abyecto, gozoso sinsentido lodazal de los orígenes: la densa rabia erótica.

Más alto que lo alto desnudo lluevo abismo. No cejo en el intento: al cántaro los mares profundos del espejo.

Zar con alma de Almodóvar, mi torre sumergida, me nadan por adentro suaves peces encendidos: Vicente, Luis, Manuel, Salvador y Federico. En la noche memoriosa: me sangra el rojo sol de la carnicería…

La música ya vuelve, ¡ay, las olas! Maracas, cencerros, güiros y tamboras, saxo y acordeón desatan su merengue. Mi propia monería de tíguere enchivado me pone piel culebra. ¡Oh, fantasmas de la luna!..

Voy, -ardiendo y asesino- por la carne titilante del mito que me inventa, a lo vivo más intenso y profundo de lo muerto, a cenar en platos limpios lambí a la vinagreta, cricas, pulpos, escorpiones; a robarme los desastres de la noche, a comerme a dentelladas la carne de mi andrógino. Voy, por la Mano de él transfigurada -rueda eterna del retorno- a la angustia existencial que gruñe flores, carnívoras muchachas de lo neutro, hacia el viejo parquecito de travestis y ladrones…



© Armando Almánzar Botello. Agosto 2006


En el Blog de PEDRO GRANADOS:
http://blog.pucp.edu.pe/item/23233/recordando-a-los-amigos-armando-almanzar-botello

Crítica de Arte

domingo 24 de mayo de 2009




La Pintura Cosmogónica 
de GEO RIPLEY


Por Armando Almánzar Botello



Neutralidad absorta de la khôra. Silencio inabordable del pretiempo a-cósmico...Y de pronto, condensaciones imprevistas del vacío, latidos primordiales del caos turbulento: floraciones provisorias de la mancha.


En la blancura inmemorial de la tela, grumos del ser y del no ser, vórtice de espectros, cópulas intensas del yin y del yang. Gotea la negrura el temblor de sus enigmas. Cortes y suturas, tímidas fluencias. Explosiones en la sombra. La luz vertiginosa se desata. Chispas, letras, remolinos. El dorado levanta sus vigilias. Tenebrosa y mágica la errancia, sus pinceles alumbran el abismo que se expande. Diría Jacques Lacan: Cesa al fin de no pintarse...



Tensa superficie del lienzo que despierta, se inicia la catástrofe, el acontecimiento genésico, el primordial estallido energético, la febril desintegración organizadora. Mezclando con el soplo del misterio los colores: negro, perlado, dorado, rojo, blanco, gris, azul, dual el gesto silencioso y restallante, constructivo y desconstructivo a la vez, va engendrando sus lúdicos espacios, corporal topología del asombro, aliento vital que se desliza sigiloso, tanteando, pensamiento originario que se encarna...




En esta pintura sígnica y gestual de Geo Ripley –expresionismo abstracto, metafísico y metamórfico, imantado por la fuerza arquetípica, lírica y visionaria que se nutre del mito cosmogónico- se nos ofrecen las imágenes abisales y sobrecogedoras de un campo morfogenético ligado a la catástrofe primordial. Aquella que , según las teorías cosmológicas de la física contemporánea, dio origen a la singularidad de nuestro Universo.

Exploración estética de una terra incognita por la maestría pictórica de Geo Ripley. En éste su lúdico y más reciente periplo creador, se fusionan de modo sensorial cosmogénesis, biogénesis, antropogénesis y semiosis. Origen del universo; generación de la vida; emergencia del hombre y la cultura; creación del lenguaje, el trabajo, el mito y el pensamiento.

Bajo su aparente simplicidad sígnica, en esta muestra plástica se enlaza la metáfora cosmogónica con las metáforas geológica, paleontológica, arqueológica, embriológica y mandálica. Este denso tejido de símbolos se ofrece a la mirada de una forma directa, no intelectualizada, sensible, vibrante, corporal. No revela un significado literariamente preformado, extrapictórico, que de manera adventicia vendría a regular la semiótica palpable del lienzo y su específico régimen escópico.

Nos encontramos de hecho frente a un creador en pleno dominio de sus recursos expresivos, cuya fuerza significante, casi demiúrgica, se plasma en la tela a través de un desciframiento alquímico del misterio de los materiales y sus recónditas posibilidades estéticas.

Es notoria, sin embargo, la huella de los peligros asumidos por el artista al aproximarse espiritual y plásticamente a ese sordo fragor de los orígenes, a la materia confusa, casi irrepresentable, condensada en el punto ígneo del que irradia la morfogénesis del universo. Por un lado, advertimos su riesgo constante de ser dominado y engullido por una materia sin designios, por la turbulencia de lo informe, por el abismo digestivo del sinfondo y sus mezclas innombrables. Por el otro, vislumbramos y tememos la no menos desalentadora posibilidad de que el artista reproduzca desmayadamente los gestos habituales o paradigmáticos con los que se ha conjurado esta misteriosa complicatio originaria en el contexto de la pintura contemporánea.

Estamos pensando en la obra de los grandes pintores expresionistas abstractos, informalistas, gestualistas y matéricos que responden a los nombre de Pollock, Kandinsky, Yoshihara, Tobey, Hartung, Soulages, Rothko, Fontana, De Kooning, Appel, Zao Wou-Ki, por sólo mencionar apresuradamente unas cuantas figuras emblemáticas.

Pero no, en la pintura de Ripley –lúcido y tenso equilibrio entre sentido y sinsentido, entre la estabilidad y el vértigo- la informalidad relativa de la obra no equivale al «azar incurable» de la materia prima ni a la ausencia de contra-efectuación estructural del accidente escópico. Además, en nuestro artista, los valores semióticos de las viejas y nuevas vanguardias pictóricas han sido sabiamente metabolizados.

El conflicto entre voluntad constructiva y espontaneidad energética del gesto, se resuelve del modo plástico más convincente, original y vigoroso. Como en las antiguas tradiciones pictóricas del Extremo Oriente, de inspiración Taoísta y Zen, la ya mencionada «espontaneidad» del gesto implica un disciplinado movimiento de espacialización orientada, que surge de un espíritu libérrimo y seminal pero profundamente despierto y constructivo.

Libre de la prisión teleológica o preformativa, el valor estético –esa tensión irreductible entre ergon (obra) y párergon (marco o encuadre)- se va generando en la inmanencia del proceso creador, en el hacer pictórico mismo. La semiótica plástica de Ripley se afina y profundiza sobre el lienzo en contacto con la materia y la forma de la expresión; al ritmo parcialmente intencional de la faena creadora.

Al compás de la contemplación activa y la conciencia fulgurante del vacío, la pura intencionalidad estética cohabita mágicamente con los caprichos del azar, las formaciones del inconsciente y las danzas aleatorias del pigmento.

La acrílica, trabajada con pinceles que oscilan entre dos y media y seis pulgadas de ancho, revela en la paleta de Geo un campo simultáneamente espectral y «matérico» de intensa significancia plástica. Las atinadas y constructivas mezclas cromáticas, las ondulaciones sutiles de las gruesas pinceladas, las graduaciones altamente expresivas en la densidad del empaste, evocan texturas de órganos, latidos celulares, crepitaciones de soles, extrañas cintas carnales de Moebius, erupciones volcánicas, úteros germinantes, míticas cavernas, vórtices o portales cósmicos...

La utilización de tonos plateados y lácteos, al conjugarse con el rojo, el negro, el dorado y eventuales «fisuras» de blanco, contribuye a reforzar los rumores fetales del misterio, los esbozos secretos del pleroma, los diversos estados atmosféricos de conciencia mística o pictórica. La hibridación de los espacios generada por la maestría de las fusiones cromáticas y por la fluidez vertiginosa o serena del gesto, nos introduce en un hiperespacio topológico y mágico signado por el rito, la regeneración, la curación chamánica y el milagro. Saco vitelino que estalla numinoso, luminoso, liberando mundos. Transmutaciones cíclicas de la piedra que es vida...

Un elemento más a resaltar en esta maravillosa exposición, lo constituye la presencia de grandes y potentes formatos junto a la serie sutil de dípticos, polípticos y cuadros de menor tamaño. Estas variaciones de formato evidencian la contundente coherencia interna de la muestra dentro de su policéntrica y musical diversidad.

Ritmología cosmogónica. Prodigiosas geometrías nómadas. Congelaciones instantáneas de los vértigos. Tal es el arte chamánico, talismánico y apotropaico de Geo Ripley.

Travesías de la huella como enigmatización del origen, estas obras de un artista integral, nos ofrecen el valioso testimonio del Eterno Retorno selectivo del gesto creador.


Santo Domingo, R. D.
Agosto de 2004



Visite la página oficial del artista:
http://www.georipley.com/index.html

JAZZ

domingo 24 de mayo de 2009



Por Armando Almánzar Botello



                              Billie Holiday


http://www.youtube.com/watch?v=YKqxG09wlIA


"Bellas mujeres negras"
Imamu Amiri Baraka


En el aura de tus manos
el mar es un retorno.
Lenta fluye como un pájaro la noche por la flauta,
y herido de una luz
un saxo me desangra.

Absuelto de mi nombre en tu mirada inmóvil,
soy máscara de nadie,
limpio filo de silencio,
puro resplandor de una trompeta
en otro labio ardiendo.

Soplo ahora contra el muro de tu cuerpo
y me deslumbra,
el saxo con su rabia,
la gota de una tinta
oscura que te piensa,
el deseo inacabable de la Forma,
(¡frágil universo!)
esta lluvia de mi hambre por la página cayendo.

Futura luz la música de la memoria vuelve
mi aliento como el mar sobre tu desnudez
abierta.

Espesa la maleza en la gruta humedecida,
yo leo tu secreto,
te abro lentamente,
me pierdo entre tus verbos, balbuceos
y fonemas,
camino tu misterio con la lengua
bosque adentro.

La música te envuelve.
Toco tu silencio.
Y alguien narra con un saxo tu verdad,
oscuramente…


    
    Enero de 1985
    
    © Armando Almánzar Botello
    Cazador de agua y otros textos mutantes 
     (Antología poética personal 1977-2002)
     Editora Gente, Santo Domingo, Rep. Dom. 2003,
     página 23.

Legión en Noche Oscura

Domingo 24 de mayo 2009

Por: Armando Almánzar-Botello




A la memoria de Arthur Rimbaud.
“A noir, E blanc, I rouge, U vert, O bleu : voyelles,
Je dirais quelque jour vos naissances latentes”. A.R.


"La idea de 'persona' debería sustituirse por la idea de 'máscara'  o 'disfraz': pues la persona o el yo esconde, bajo su aparente unidad, una multiplicidad. Bajo el yo indiviso se esconde Multitud. Cada uno de nosotros encierra, por tanto, una multitud de máscaras. No hay unidad sino desdoblamientos y travesti".  Eugenio Trías. Filosofía y Carnaval.



Goteando la luna vacío en las esquinas, un hombre deforme
regresa de las calles. Polvo y miedo es la ciudad
en su frente y en sus labios.

La noche de neón respira como un cuerpo. Asciende su deseo.
Desnuda los acordes disonantes
de la carne. En la torre que delira resopla
contra el muro alucinado del silicio...

Fría su bombilla de ausencias,
mordido por la nada subió las escaleras:
Roto por la sombra el hombre taciturno.

De nuevo con silencio escribe aquí en su cuarto:
"A negra, E blanca, I roja, U verde, O azul: vocales"...

Peligro y rumor en su página convulsa: ardiente y filosa la escritura,
abre túneles de asombro en la inmensidad que sangra.
Indescrita la noche allá en lo alto.

Astillas cristalinas del sentido:
Las luces del metro descuartizan la mirada...

El poema está en la mesa. El hombre se levanta.

Dejó de ser un yo y vio al fin a nadie: ahora multitudes descubre en el espejo,
la batalla de los rostros en una sola cara. Ahora es un coro, ahora es un diálogo,
-con otros que lo habitan-, desde que somos letras, desde que somos aire...

Legión es ya su nombre.
¡El reino será nuestro!

© Armando Almánzar Botello



Espejo en escritura

Domingo 24 de mayo de 2009


Por Armando Almánzar Botello


ESPEJO EN ESCRITURA

A la memoria del pintor Francis Bacon
A Virginia Woolf.




En el acto de morir -aquel hombre del espejo-
sorprendido no sintió demasiada impaciencia.

Esperó tercamente la visita de la nada:
esa musa oscura y su navaja reflexiva/
             que promete otra tinta
            para manchar la página/
otro modo de lluvia que apaga los paraguas/
               un sol absorto y mudo
         que alumbrando vacío evapora
                        las caras...

Aguardó cauteloso la llegada de sí mismo
congelado en puro asombro:
                                             se llamó/
y como siempre/
                      tardó en acudir/
                 y dio voces desoladas
perdido en su desierto: en su íntima distancia...

Nada ni nadie respondió desde su adentro.

Para recordar ausencia volvió su rostro al olvido.
Y escapó sin su yo
                             -diluido con la tarde-
hacia el charco impasible de la sombra que
siente/
          sin haberse encontrado...

Otro en luz desollada escribió
           por el cadáver...

Aquí para el hombre se borró la mujer/
que serena y limpiamente lo miraba escribiendo...



Poema publicado -junto a otros más del autor- 
en el número 110 de la revista mexicana Blanco Móvil, 
dirigida por Eduardo Mosches, 
poeta y editor mexicano de origen argentino. 
Dicho número, correspondiente al primer trimestre 2009
de ese importante órgano cultural, fue dedicado por 
completo a la poesía de República Dominicana.

                                                                                                                                                                     

Mujer cero

"Y digo que hay dos silencios: el primero, 
sin tiempo, y el vestigio que insiste después 
de nombrarlo: poesía es olvido como obra de arte"... Armando Almánzar Botello. 1978



Por Armando Almánzar Botello



Al gran filósofo Ludwig Wittgenstein



Perdona el vano intento de decirte:
¡Oh tímido temblor de mi silencio!
elástico borde inabordable...

Vientre oscuro del ser: silencio.
Pozo donde beben su sentido
mis palabras,
ávidos mamíferos absortos...

Ahora sólo digo que habitas en tu ausencia...

1979


Cazador de agua y otros textos mutantes. (Antología poética 1977-2002). Editora Gente. Santo Domingo, R. D. 2003.

La nada del poema

sabado 23 de mayo 2009

Por Armando Almánzar Botello


La nada del poema

Escritura del vacío.
Cincelada máscara de un grito:
Universo que se expande...

Poema de la obra de Armando Almánzar Botello: Cazador de agua y otros textos mutantes. (Antología poética 1977-2002). Editora Gente. Santo Domingo, R. D. 2003.

Mujer dormida

sabado 23 de mayo 2009

Por Armando Almánzar Botello



Mujer dormida

Lejanía desierta:
agua clemente
que mana tu cuerpo.

Poema de la obra de Armando Almánzar Botello: Cazador de agua y otros textos mutantes. (Antología poética 1977-2002). Editora Gente. Santo Domingo, R. D. 2003.

Compañía

sabado 23 de mayo 2009

Por Armando Almánzar Botello


Compañía

Mujer en el bosque
La luz sobrevuela
los altos almendros.

Poema de la obra de Armando Almánzar Botello: Cazador de agua y otros textos mutantes. (Antología poética 1977-2002). Editora Gente. Santo Domingo, R. D. 2003.

Mujer desnuda

sabado 23 de mayo 2009

Por Armando Almánzar Botello


Mujer desnuda

Jardín descubierto:
escritura secreta
que alumbra mi sangre.

Poema de la obra de Armando Almánzar Botello: Cazador de agua y otros textos mutantes. (Antología poética 1977-2002). Editora Gente. Santo Domingo, R. D. 2003

Aniversario

sabado 23 de mayo 2009

Por Armando Almánzar Botello


Aniversario

Su mujer está dormida:
camina sigiloso en el jardín
con las tijeras...

Poema de la obra de Armando Almánzar Botello: Cazador de agua y otros textos mutantes. (Antología poética 1977-2002). Editora Gente. Santo Domingo, R. D. 2003.

Ideograma

sabado 23 de mayo 2009

Por Armando Almánzar Botello

Ideograma


Ella entreabrió su kimono
tras el biombo,
y en la tarde plomiza,
la grulla alzó su vuelo...
Dibujo de Hokusai...

Poema de la obra de Armando Almánzar Botello: Cazador de agua y otros textos mutantes. (Antología poética 1977-2002). Editora Gente. Santo Domingo, R. D. 2003.

Eternidad

sabado 23 de mayo 2009

Por Armando Almanzar Botello


Eternidad

El ruiseñor, instante inasible,
es pura eternidad en el vacío
de su canto...

Poema de la obra de Armando Almánzar Botello: Cazador de agua y otros textos mutantes. (Antología poética 1977-2002). Editora Gente. Santo Domingo, R. D. 2003.

Penélope

sabado 23 de mayo 2009

Por Armando Almanzar Botello

Penélope

Tenue llovizna:
en el portal de lumbre,
silencio bordas...

Poema de la obra de Armando Almánzar Botello: Cazador de agua y otros textos mutantes. (Antología poética 1977-2002). Editora Gente. Santo Domingo, R. D. 2003.

CAZADOR DE PIEDRA

OTRA ESPADA VELOZ:
Un rumor de sí mismo en la penumbra… 
¡y sangró frente a un espejo el otro samurai!

                      Jardín de rocas de Ryoanji. Kyoto, Japón 



Por Armando Almánzar Botello



Criatura prodigiosa:
la piedra.
¿Quién dijo dura el agua/
recóndito animal maravilloso-
andrógino?

Quince ejemplares
como un arco de vigilia.
Quince luces tangibles de ausencia.
¿Quién dijo dura el agua/
testimonio de grandeza - vacío -
depurado
arte?

Insólito fluir de permanencia:
Jardín de Ryoanji.
Piedras
(quince). Arena:       impasible       germinante
Vía de lo extinto:      ¿Nada?

Ahora subirá desde su arriba -desatado sentir
que vivifica-
animal maravilloso/     paradójico
dragón alado:     la lluvia...

Incienso       soja       sopa miso
(Jardín japonés:
tangible vacío que retorna/
                                        destello cegador/
indestruido...
Parque Botánico de Santo Domingo 1986).

Aletean las manos de Mamoru Matsunaga
en el recuerdo...

Pagoda gris bajo la lluvia.
Lo inasible dibuja una muchacha.
Un pez de plata inmóvil sorprendido en el estanque.

Arena       piedras       ideogramas.
Llueve.
Bosquecillo de bambú: brillan frías en los troncos/
gotas de agua
y letras enlazadas...

Arena       piedras       ideogramas. Alguien dijo:
La botella de sake.- ¡Arde
la memoria en la garganta!

Al fin/      remota oscuridad/      cae
la tinta sigilosa de la noche.
                                       Neutra.

- Hondo el grito de la garza -
Desnudo resplandor bajo la lluvia...




Cazador de piedra. 1999. Fuente: Francis Bacon, vuelve. Slaughterhouse's Crucifixion. Editora Angeles de Fierro. Santo Domingo, R.D. 2007.

GALARDÓN A “LA BARBARIE ALEJANDRINA”

Por: Armando Almánzar-Botello

jueves 21 de mayo de 2009


Junot Diaz


Junot Díaz, prestigioso escritor de la diáspora dominicana en los Estados Unidos, ha recibido el importante Premio Pulitzer de Literatura 2008, por su novela The Brief Wondrous Life of Oscar Wao (La breve y maravillosa vida de Oscar Wao).
Con este éxito trascendental del creador e intelectual dominicano residente desde hace largos años en Norteamérica, nuestro país logra completar la trilogía de los jóvenes que talvez mejor representen, en los escenarios internacionales de esta época, lo más extraordinario y esperanzador de nuestras potencialidades como pueblo: Sammy Sosa, en el deporte; Juan Luis Guerra, en la música; y ahora, Junot Díaz, en las letras…

Como hemos afirmado en múltiples contextos, resulta archisabido -hasta el punto de que este enunciado bien podría formar parte de una cierta Vulgata Postmoderna-, que toda obra literaria participa, en una u otra forma, de un apetito de otredad y diferencia.

No obstante, este rasgo inseparable de la escritura creativa como pasión por lo desconocido, cobra una especial importancia en el paradigma multicultural, multirracial, multilingüístico, “plurilingual and pluriglutural”, como diría James Joyce, que caracteriza a la postmodernidad de la diáspora literaria latinoamericana en los Estados Unidos.

En la “cópula disyunta” de su decir -turbulenta, gozosa, desgarrada, pero no por ello menos reflexiva y memoriosa- estas voces del exilio nos testimonian, con la polifonía compleja de sus textos, una voluntad de apertura existencial al otro en su radical alteridad y extrañeza; el proyecto poético-político de explorar la producción de convivio, cum, comunidad, inéditos espacios para habitar, crear y disfrutar de plena ciudadanía, sin padecer la vocación homogeneizante de un contrato social y lingüístico mutilador y/o integrista.

Los escritores latinos de la diáspora y los dominicanos en particular, trazan una cartografía escribiente donde se fundan los lugares de conjunción/disyunción entre las diferencias (próximas y lejanas), sin necesariamente rendir culto al tótem centralizador de una koiné, de una lengua universal hipostasiada. Esa lengua canónica que los obligaría, desde una presunta neutralidad autárquica, a leer, interpretar y categorizar el mundo en función de una “unidad oculta” inconfesable: la consolidación de la voluntad hegemónica de lo que acertadamente Vicente Verdú calificó como el “Planeta Americano”. Es decir, esa voraz territorialidad cultural y política estadounidense que casi logra, en nuestros días, fagocitar la totalidad del universo.

La crítica a la falsedad del melting-pot cultural estadounidense y a la voluntad hegemónica norteamericana, ya la había realizado a principios del siglo XX un relevante intelectual anglosajón: Randolph Bourne, quien en su momento fue acusado de traidor por los sectores conservadores de su país.

La posición intersticial de muchos de los textos producidos por los escritores de la diáspora latina en la “ciudad prestada” de Estados Unidos, nos obliga a recordar el concepto acuñado por Gilles Deleuze y Félix Guattari sobre la “literatura menor”. Con su semantismo contradictorio y sus facturas y fracturas “heterofónicas”, esas obras producidas por los sujetos descentrados y diaspóricos de la lecto-escritura, participan de un carácter disonante, fronterizo (border-line) transbinario, fractal y dialógico (Bajtin). “Las tres características de la literatura menor son la desterritorialización de la lengua, la articulación de lo individual en lo inmediato-político, el dispositivo colectivo de enunciación. Lo que equivale a decir que ‘menor’ no califica ya a ciertas literaturas, sino las condiciones revolucionarias de cualquier literatura en el seno de la llamada mayor (o establecida). […]…Escribir como un perro que escarba su hoyo, como una rata que hace su madriguera. Para eso: encontrar su propio punto de subdesarrollo, su propia jerga, su propio tercer mundo, su propio desierto”. (Deleuze-Guattari: Kafka. Por una literatura menor, Claves, México. 1978, p.31).

Sólo el agente productor de una “literatura menor”, tal como se entiende en este contexto deleuziano, puede reconocer y bordear la diferencia no asimilable del otro en su singularidad radical. He aquí un revelador acontecimiento ético-político originario que siempre escapa a nuestros limitados esquemas cognitivos y a un pseudo-reconocimiento folclorizante de la alteridad problemática e imprevisible del “arribante”, como denomina Jacques Derrida al extranjero inmigrante.

Únicamente este sujeto que asume en el decir literario su propia cesura diabálica (E. Trías), diabólica, su propia alteridad constituyente, puede abrirse a una est/ética (espacio de junción de la ética y la estética: Lacan), y al reconocimiento diferencial de los otros en su heterogeneidad inasimilable. Hay diálogo textual y político con el otro, si previamente nuestro discurso se abisma en su íntimo punto ciego de extrañamiento y auto-expropiación.

Es preciso vivir–decir lo que Julia Kristeva, inspirada en Freud, Lacan y Bajtin, conceptualiza como extranjería del sujeto para sí mismo.“¿Cuántos viven hoy en una lengua que no es la suya? ¿Cuánta gente ya no sabe siquiera su lengua o todavía no la conoce y conoce mal la lengua mayor que está obligada a usar? Problema de los inmigrantes y sobre todo de sus hijos. Problemas de las minorías. Problemas de una literatura menor, pero también para todos nosotros: ¿cómo arrancar de nuestra propia lengua una literatura menor, capaz de minar el lenguaje y de hacerlo huir por una línea revolucionaria sobria? ¿Cómo volvernos el nómada y el inmigrante y el gitano de nuestra propia lengua?

Kafka dice [a propósito de su relación extraterritorial con la lengua alemana]: soy un gitano que roba al niño alemán en su cuna para enseñarlo a bailar en la cuerda floja”. (Deleuze-Guattari: Kafka. Por una literatura menor, Claves, México. 1978, p.33).

Estas últimas reflexiones nos aproximan a lo dicho en otro contexto por Giannina Braschi, poeta y narradora portorriqueña que transita por la ciudad prestada, y cuya obra Empire of dreams (El imperio de los sueños. Anthropos, Barcelona, 1988) fue nominada en su momento para el premio Pulitzer: “Estoy creando una ciudad poética en la que se hablan varios idiomas con acentos diversos; en la cual el tiempo de la prosa sea tan rápido e imprevisible como el de los subterráneos; en que prevalezca una idea del sí mismo en construcción permanente”.

No pensamos de ningún modo que esta ciudad poética soñada por la Braschi coincida o pretenda coincidir con la territorialidad concreta de las megalópolis estadounidenses y su corporativismo arquitectónico high tech (a pesar de la sorprendente afirmación eufórica y elogiosa realizada hace años por Derrida, en el sentido de que los Estados Unidos “son” la desconstrucción).

No. La cartografía poética del espacio nómada, liso y liberador al que talvez se refiere la Braschi, no coincide con el territorio real de las estratificaciones sedentarias y reterritorializaciones perversas del artificio, visibles en el contexto de un urbanismo político-cultural estriado, sin límites pero fragmentado, concebido como hipóstasis de las segmentaridades duras y excluyentes. A diferencia de la nueva ciudad de dios -ciberimperial, tecnohermética y falocéntrica-, teorizada y criticada por Alonzo y Arzoz, Virilio, Mattelart, Wacquant, Amendola, entre otros; la ciudad textualizada y poetizada por los escritores de la diáspora debería atravesar de un modo desconstructivo, con el trazado rizomático y rítmico de sus líneas de fuga intensivas, la simple celebración autocomplaciente de una realidad constituida por la psicogeografía bélica de la agresión y el temor, el hegemonismo WASP (White, Anglo-Saxon, Protestant), el desarraigo y la injusticia, la marginalización brutal del inmigrante, “la tolerancia cero” para la pobreza criminalizada, la catástrofe programada y el mero espectáculo anestésico.

Con este preámbulo, quizá demasiado extenso pero estratégicamente necesario, pretendemos contextualizar nuestro profundo y sincero regocijo por la noticia aparecida recientemente en los medios de comunicación, nacionales e internacionales, relativa, como señalábamos al principio de este trabajo, a la concesión del importante premio Pulitzer al destacado escritor e intelectual de la diáspora dominicana en USA, Junot Díaz.

De este joven y valioso creador, profesor en el Instituto Tecnológico de Massachussets (MIT), sólo conocíamos Drown/Negocios (1996), colección de relatos publicada en inglés-español.

La obra por la que Díaz recibe en este año 2008 el más importante galardón literario de los Estados Unidos, guarda, según informan las agencias noticiosas, una relación de canje lingüístico-textual con el spanglish o espanglés (habla o dialecto que mezcla las estructuras lingüísticas del español y el inglés) y se titula, repetimos, The Brief Wondrous Life of Oscar Wao (La breve y maravillosa vida de Oscar Wao), título que a nuestro entender y casi sin lugar a dudas, juega intertextualmente con The Short Happy Life of Francis Macomber (La corta y feliz vida de Francis Macomber), relato escrito por el inmenso Ernest Hemingway, narrador norteamericano que también recibió el Premio Pulitzer en 1953.

No obstante, a pesar de nuestro regocijo, percibimos que un “reconocimiento de la diferencia” como el que se expresa en el otorgamiento del premio Pulitzer al escritor de origen dominicano Junot Díaz, participa de una ambigüedad o “double-bind" que consiste en conferir insignias académicas de indudable prestigio a lo que de hecho funciona y seguirá operando durante mucho tiempo como un estigma social y político (E. Goffman), en el contexto fundamentalista anglosajón de la sociedad norteamericana: ser latino y hablante de spanglish.

Para nuestro modesto entendimiento, el mencionado galardón concedido a la novela de Díaz -al margen de los valores de ritmo-sentido que pueda exhibir dicha obra escrita en inglés, a la que todavía no hemos dado lectura- podría funcionar paradójicamente como un torniquete de subordinación a la koiné representada por el uso estandarizado y canónico del inglés WASP.

En este contexto, el premio Pulitzer tendría un efecto de refrigerador de contradicciones y “etiquetado procustiano veladamente segregativo” que se recubre con el prestigio -políticamente correcto y mercadológicamente rentable-, de una “pluralista y abierta validación” de lo exótico, lo “creativo”, lo espontáneo y lo étnico, como respuesta pragmática a la relevancia creciente y abrumadora de la población latina en el aparato económico y electoral de los Estados Unidos.

El spanglish funcionaría como la “lengua” de los nuevos bárbaros productivos que infectan inevitablemente el cuerpo “oficial” del Imperio, contribuyendo a la distopía urbana. Bárbaros alejandrinos de la contra-conquista y refinados antropófagos culturales.

Cyborgs: Borges. No resulta ocioso recordar que para pensadores como Gilles Deleuze y Félix Guattari, el capitalismo postmoderno funciona estropeándose. Desde la neutralidad aséptica de la Academia, y partiendo de lo que Slavov Zizek denomina “punto vacío de universalidad anglocentrista”, se produce un reconocimiento del spanglish que permite quizá leer entre líneas una suerte de “racismo con distancia”, consistente en conceder carta de ciudadanía a una singularidad socio-lingüística a condición de “esfingizarla”, de mantenerla prisionera en la esfera neutra de la ficción y la escritura creativa.

Mediante la ambigüedad de un reconocimiento “oficial” que podría operar como un “corte consagratorio embalsamante” y como dispositivo de neutralización del deseo transgresor implícito en ciertos actos de habla sociolectales, se podría desconectar al spanglish de todos los movimientos sociales, políticos y reivindicativos que atraviesan la escena cultural norteamericana. Recuperación de una diferencia, sin asumir hasta sus últimas consecuencias el costo político liberador que implica este “pase” condicionado. ¿Permisividad represiva? (Marcuse). El buen scholar nos diría que de hecho el premio en cuestión implica todo lo contrario de lo que estamos afirmando, pero no obstante insistimos en mantener nuestra sospecha estratégica.

Como dice José María Ripalda: El espacio postmoderno es tramposo, pues su pluralidad y descentramiento se hallan recentrados por hegemonías evidentes y menos evidentes. Es claro que la plusvalía político-lingüística que extrae el establishment anglosajón del uso del spanglish por parte de las poblaciones latinas, favorece preponderantemente la erosión del sistema lingüístico del castellano, la consolidación del monolingüismo anglófono, la depauperación simbólica y la deculturación empobrecedora de una población latina establecida en los Estados Unidos que, por complejas razones nacionales y transnacionales padece en su mayor parte insuficiencias severas para pensar-actuar, tanto en inglés como en español, debido a un déficit educacional básico resultante de la falta de políticas idóneas en este sector.

Hombres como Junot Díaz y otros destacados intelectuales de la diáspora dominicana en USA, representan dignas excepciones a la regla. Esperamos atentamente la más profunda recepción crítica de la novela de Díaz en el contexto anglosajón, para determinar si dicho texto constituye un aporte significativo de permanencia a la literatura norteamericana. Tendríamos que realizar, asimismo, la lectura de la traducción de esa obra al castellano, para comprobar si esa transcripción crea valores de ritmo-sentido que operen un cambio en los protocolos de lectura, dominio de los códigos hermenéuticos y relaciones con el lenguaje, que hasta la fecha definen a los lectores de un cierto nivel de competencia semiótica en la literaturidad contemporánea del castellano, como lengua de llegada.

Entretanto, el spanglish permanece como “impuro dialecto callejero” que sólo puede aceptarse como testimonio de tolerancia académica multicultural por parte de los poderes reguladores del canje entre hilotas y homoiois, entre habitantes de baja categoría lingüístico-laboral y ciudadanos de pleno derecho en el mundo de las ciudadanías interculturales, translingüísticas, transnacionales y globales (Canclini, Negri, Braidotti).

De seguro que a Junot Díaz no se le permite impartir en spanglish sus cursos de escritura creativa en el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT). ¡Lo debe hacer en buen inglés canónico! De no ser así, el señor Noam Chomsky, autoridad tutelar en el MIT y uno de los genios lingüísticos del siglo XX (por cierto, Chomsky no habla russianglish), le daría de seguro un buen tirón de orejas. En fin, basta de humor gris, que Chomsky es de los “nuestros” y miles de golondrinas quizá hagan verano… Finalmente, exhortamos a nuestros desocupados lectores latinos y dominicanos (apelando a su solidaridad y panamericanismo bolivarianos), a que simultáneamente con nuestra satisfacción “patriótica” por el importante premio concedido a Junot Díaz en los Estados Unidos, reflexionemos con plena seriedad sobre este titular aparecido en el periódico Diario Libre digital, de fecha viernes 11 de abril de 2008: New York. ¡Juez norteamericano ordena deportar dominicanos por no saber inglés!

Carta del Cyborg


Por: Armando Almánzar-Botello


Libro y herencia cultural

Dijo memorablemente el poeta en la jubilosa soledad de sus estudios:

“Retirado en la paz de estos desiertos,
Con pocos, pero doctos libros juntos,
Vivo en conversación con los difuntos.
Y escucho con mis ojos a los muertos”.

En este primer cuarteto de aquel soneto entrañable escrito por el gran poeta español Francisco de Quevedo y Villegas, se tocan lúcidamente diversas aristas cortantes, a nuestro entender esenciales, de la relación entre el sujeto del deseo lector y el objeto libro, entendido éste como dispositivo de goce o máquina sutil y numinosa de revelación espiritual. En primer lugar se mencionan la soledad y el retiro, casi similares a la mística ausencia de los monjes de La Tebaida; la paz desértica del alma, la tensa concentración y el necesario recogimiento para establecer con el libro, como espejo de un agua mental privilegiada, un vínculo convincente de real y fértil ahondamiento estético y cognitivo. “Retirado en la paz de estos desiertos…”

En el segundo verso, que dice, “Con pocos pero doctos libros juntos”, el poeta define la dimensión cualitativa de la cultura excelsa, genuina y trascendente. Aquí se valora el carácter selecto y singular de los libros necesarios. En el mundo contingente de los muchos, y a veces demasiados libros, como dice el escritor Gabriel Zaid, no son todas las escrituras las que podemos o debamos leer y degustar. Somos lectores mortales limitados en el tiempo, aunque nuestra voraz pasión bibliofilita quisiera leer y descifrarlo todo en su ingenua vocación de orgullosa infinitud.

Paso ahora al tercer verso del soneto: “Vivo en conversación con los difuntos”. En el mismo, el genial bardo de España nos sugiere lo que el filósofo francés recientemente fallecido, Jacques Derrida, denomina: la dimensión fantasmática de la herencia cultural, el espesor espectral y dialógico del pasado. Es decir que, a través del libro como prótesis y tamiz de la memoria, dialogamos selectivamente con los valores de la tradición y abrimos, en los surcos mismos de lo heredado, la posibilidad de un devenir creador de nuevas formas, la inédita historicidad de los sujetos, nuevos modos de percibir y comprender el mundo.

En el verso final del primer cuarteto del poema, “Y escucho con mis ojos a los muertos”, Quevedo nos habla de una escucha singular del acontecimiento. Aquí, el gran poeta parece aludir a la experiencia audible del ser que permanece en el acto mismo de su disolución y borradura. Fluida permanencia en el espacio de la página, donde el ojo, subordinado a la recepción de la palabra esencial, abandona su papel de ocultamiento de la mirada originaria: aquella que permite la co-apropiación y el diálogo misterioso y creador entre el hombre y lo innombrable, la memoria histórica de una huella anterior a la palabra y la escritura en la fuga abismal y promisoria de lo Abierto.


Libro tangible/libro intangible

El valor táctil, tangible, textural del libro, no comporta ninguna seguridad para el sujeto lector, ninguna estabilidad ontológica de éste, sino que, por el contrario, se constituye en un recordatorio de su posible desfallecimiento subjetivo y su inevitable mortalidad. La “textura” remite a la opacidad intratable de lo real. Esta opacidad, más que un soporte óntico es un abismo de pérdida; y es a partir de dicho sinfondo que se produce la temporalización como flecha o vectorialidad que abre al devenir mortal, creador y destructor del cuerpo libidinal y su juego intercorpóreo (Merleau-Ponty, Lacan, Prigogine). Lo táctil, la textura, la materialidad “carnal” del libro no constituyen ninguna garantía de apropiación o apropiabilidad de éste, a no ser desde el punto de vista de la posesión erógena del cuerpo fetiche. Por lo tanto, expresiones tales como: “ése lo tengo en mi archivo personal; ése lo tengo en mi biblioteca”, pertenecen más bien al registro perverso y contable de catectización de los objetos. Ese registro particular asegura imaginariamente al sujeto lector contra la experiencia de la pérdida, la castración y la muerte.

Es común, en la casuística psicoanalítica, la historia del intelectual o bibliófilo que siempre está padeciendo, sintomáticamente, la supuesta desaparición, pérdida o robo de uno o varios libros de su biblioteca. Esta experiencia puede llegar a extremos que colindan con las modalidades más sorprendentes de lo grotesco y lo ridículo. Así se expresa en estos casos clínicos una singular vivencia de la amenaza y la angustia de castración. Esa vivencia muestra, para quien sepa leerla intersticialmente, la relación narcisista y fálica que dichos sujetos establecen con el libro en su carácter de objeto fantaseado -más allá de su valor cultural objetivo- y elevado por ellos al estatuto de tapón compensador de supuestas o reales minusvalías psíquicas y/o sociales. Un análisis fenomenológico del placer ligado a la lectura y “propiación” del libro tradicional, que permanezca de forma reductora circunscrito a este plano del “ése lo tengo”, o “ése lo perdí”, es a todas luces (¡Oh, Lacan!, ¡Oh, Las Luces!), peligrosamente insuficiente desde el punto de vista psicoanalítico.

La erotización lacaniana del libro, su vertiente de goce supletorio con respecto al simple placer de la tactilidad fetichista, se autorizaría más bien en el horizonte del objeto metonímico “a” en su vertiente de fuga S(A) [1], y no en su aspecto obturador de fantasma S-a [2]. (Resulta oportuno señalar aquí las diferencias existentes entre el concepto derrideano de espectro o fantasma y las categorías psicoanalíticas de fantasma o fantasía. En Derrida, el espectro no pretende la consistencia especular y narcisista del fantasma lacaniano, ni participa de la dimensión de desconocimiento que caracteriza a éste; más bien equivaldría a lo que Lacan concibe como semblante, categoría vinculada a la significación fálica, a la memoria y a la herencia cultural, pero en la que sí se perfila un imborrable reconocimiento de la deflación del yo y la castración del sujeto).

Jacques Lacan (1901-1981)

El libro tangible se diferencia del libro electrónico en que siempre es uno de menos, como definía Don Juan a la mujer en su dimensión suplementaria, más allá del goce fálico. El E-book, por el contrario, es el uno de más que tapona imaginariamente toda falta de información y toda carencia de sentido. Esta modalidad electrónica permite la ilusoria apropiación de la imagen como look de vocación totalizante. Paradójicamente, el libro concreto, tangible, si no es reducido a la relación fetichista y pseudo-teológica de objeto erógeno de apropiación, (táctil, olfativo: háptico) nos aproxima con más vigor que el libro electrónico a la dimensión disolvente, desapropiante y trans-apropiante (Ereignis: acontecimiento) que caracteriza a lo Real del ser en las concepciones postmetafísicas.

La fuerza matérica y textural de la pintura de un artista como Francis Bacon, por ejemplo, no está en el hecho de que su plástica ofrezca una materialidad consistente y estabilizante de la carne, un cierto agarre “sustancial” en la viva carnalidad que nos proyecte fuera del ámbito idealista de la representación del cuerpo armónico y apolíneo. Estriba en algo mucho más radical y complejo: Su texturalidad carnal, figural o neofigurativa, abre a la dimensión desfondada, informe y abismática del cuerpo no regulado por la pregnancia gestáltica de la imagen; conduce a la caída en lo real continuo y dionisíaco, entendido éste como resto no asimilable por los sistemas, espectros y semblantes de la simbolización. Cuerpo sin Órganos. (Artaud, Deleuze, Lacan).
Correlativamente, el libro real cobra valencia fronteriza en tanto que nos recuerda, quizás con más fuerza que la permitida por lo háptico que ofrece la Realidad Virtual inmersiva (en este caso, el Dataglove o guante electrónico de datos), el carácter inevitable de nuestra mortalidad y nuestra incompletud.
La vertiente sensorial y táctil del Barroco, por un lado, -en su condición de arte de la Contrarreforma, tal como es estudiado por Lacan en el Seminario XX- y la categoría deleuziana de Pliegue, por el otro, -entendida como interiorización de una exterioridad radical- dan testimonio de una regulación del alma por la “escopia corporal” (Lacan), que remite a una experiencia háptica de lo abisal, lo desapropiante, la espiral turbulenta, el vértigo, lo inacabado y lo infinito. En el barroco se resalta el aspecto laberíntico y críptico del cuerpo entendido como libro desfondado y a-teológico. Por ello, resulta doblemente irrisoria la relación “teológica fundamentalista” con el libro clásico entendido como obturador estable, sustancial y pacificado, apto para la renegación de la castración. Esa metafísica sustancializante concibe el libro como vía segura y narcisista de apropiación y recentramiento del sujeto escindido. Ella atribuye al yo imaginario del placer contable una “inmortalidad” ilusoria, adulterada, obtenida a través de la posesión del libro fantaseado como fetiche “talismánico y apotropaico”. Por detrás del rechazo al libro virtual y a la cibercultura; en la supuesta valoración erógena de lo táctil, también puede ocultarse una soberbia de teólogos, un olvido de la necesaria despotenciación del sujeto, y el más taimado rechazo a la corporeidad mortal con su dimensión criptográfica de subjetividad fronteriza (Trías).

No debemos olvidar que el objeto libro, como parcial encarnación del objeto metonímico a, (objeto real no especularizable) es en efecto, en el discurso lacaniano, un auténtico desecho. Publication / Poubellication; Publicación / Basurización; categorías conjugadas por el mismo Lacan en su obra. Para él, como para Beckett y Barthes, no sólo el libro es basura, (poubelle) sino que también lo es el intelectual que lo produce y lo posee. (Confirmación en clave “técnica” de aquello que el Poder considera permanentemente válido en clave política. El pensador crítico y el poeta son residuos inasimilables. La excepción a esta regla la constituye el intelectual que “funciona” del modo “políticamente correcto”: al servicio del orden constituido y constituyente).

Traducción, materialidad y vacío.

Roland Barthes (1913-1980)

El libro impreso al modo tradicional, y más aún, los códices antiguos o manuscritos artesanales, son recordatorios palpables de lo que Heidegger denomina lo terrestre: emergencias de lo informe que suspenden la palabra en la consciencia puntual e ineludible de la cesación del ser.

Como señaló atinadamente Roland Barthes en múltiples zonas de su obra, en el manuscrito se manifiesta de un modo más intensivo que en lo impreso la dimensión corporal y pulsional del texto, no sólo en el plano de la mera escripción como trazo caligráfico –lo que a veces no resulta tan banal y evidente como podría suponerse- sino en el registro semántico mismo, en la imbricación del goce y la letra, en la articulación del sentido y lo real de la carne. Un texto manuscrito y luego transcrito al registro tipográfico, participa de un régimen fantasmático, simbólico y real diferente al de uno escrito de modo directo a máquina u ordenador.

La dificultad sería la de cómo hacer pasar, sin necesidad de manuscribir, la riqueza del cuerpo libidinal del sujeto de la escritura al cuerpo erógeno encarnado en el texto tipográfico, con la doble vertiente visual y semántica de éste.

O considerando de otro modo la cuestión, el problema podría consistir en cómo hacer permeable lo virtual a lo real mediante la dimensión litoral de la letra lacaniana en sus múltiples variantes.

¿Se requieren para ello signos suplementarios, posibilidades escriturales y estilísticas adicionales? Insisto en la pregunta a riesgo de parecer reiterativo: ¿Participa un texto directamente escrito a máquina u ordenador de la misma frondosidad semántica y libidinal que la ofrecida al receptor por el texto oral o manuscrito?

Algo indecible se pierde y algo innombrable se gana, simultáneamente, en todo proceso simple o complejo de traducción. Sí, de traducción, porque de traducción se trata en la serie de transcripciones de la foné logocéntrica propia de la oralidad al campo del trazo manuscrito; de éste a la escritura tipográfica, y luego a la dimensión virtual, electrónica u holográfica de la letra.

Existen dos palabras japonesas que expresan el carácter poético desapropiante y casi místico del objeto artesanal y/o artístico en su rusticidad fronteriza: wabi (pobreza) y sabi (imperfección voluntaria). En este horizonte del espíritu podrían inscribirse los valores sensoriales y sensuales que nos permiten apreciar la vigencia permanente del manuscrito y el libro impreso al modo tradicional: formas erógenas de la cultura que testimonian como “soportes” el paso del tiempo, reflejando o condensando el vacío. Esas formas nos recuerdan el precario sentido y la vulnerable leyenda del ser, en cuanto éste acusa de modo permanente su radical fragilidad y su siempre posible anonadamiento.

Semiosfera híbrida.

http://www.larrycarlson.com/supreme_om/

Larry Carlson, "Dream Power"

Frente a esta forma, digamos clásica, de entender el ámbito propio del libro y su cierta clausura histórica, esa forma que Walter Benjamin y Marshall McLuhan designarían, conjugadamente, como dimensión aurática y prestigiosa de la Galaxia Gutenberg, se levanta hoy, con fuerza descomunal y en apariencia incontrolable, otro universo cultural constituido por la imagen de síntesis y lo audiovisual protésico. Ese universo, lo podríamos denominar avasallante, abrumador, ambiguo, inquietantemente familiar y extraño, y resulta muchas veces irrisorio en su vacua desmesura. Él reclama también con urgencia nuestra atención y total entrega. Demanda, irónicamente, nuestra plena disponibilidad como sujetos, del mismo modo en que lo hacía la idea absoluta en el reino del “ontos on” o las esencias platónicas.

Sin todavía ofrecer plenamente las posibilidades significantes que le serían propias, este nuevo régimen digital-semiótico, audiovisual protésico y sintético, parece haber logrado casi ahogarnos en la banalidad y en los valores reactivos de una visión instrumental y light de la existencia. La televisión por cable, la Internet, el vídeo, el cine comercial de efectos especiales, el CD-rom, la realidad virtual inmersiva o no-inmersiva y el llamado libro electrónico, parecen competir con el libro impreso tradicional, y en ocasiones, hasta parece que pretenden desplazarlo, trastornando con ello el relativo equilibrio ecológico-cultural anteriormente operante en el seno de la Galaxia Gutenberg.
¿Qué futuro tiene el libro impreso al modo tradicional ante esta pujanza de los nuevos medios audiovisuales de comunicación? ¿Desaparecerá tal como hasta ahora lo conocemos? ¿Deberíamos continuar utilizando el papel de celulosa como el material más idóneo para fabricar libros al modo tradicional, si tomáramos en cuenta los problemas de deforestación, sostenibilidad ecológica y sustentabilidad económica de la industria del libro?

¿Es posible redefinir un cierto equilibrio en la semiosfera –al margen de la metafísica logocéntrica- que permita una fructífera cohabitación del homo loquens (hombre que lee libros impresos, decodifica los mensajes alfabéticos, piensa críticamente y dialoga de modo activo) y el homo videns (hombre centrado en el registro sensorial de la visión y en el consumo sistemático y sintomático de imágenes), según la doble categorización de G. Sartori?

¿Es negativa per se la experiencia de lo audiovisual sintético y protésico, o las nuevas potencialidades significantes que ella entraña abren, por el contrario, la posibilidad de una nueva y más afinada comprensión de la naturaleza holística y compleja de la cultura?

¿Podrá producirse la integración y el mutuo reforzamiento de aquellos dos grandes conceptos fenomenológicos que el pensador y crítico inglés Herbert Read denomina lo háptico (ligado en este caso a los valores táctiles del libro tangible en su forma tradicional), y lo óptico (definido aquí como territorio de la visión, de la pura transparencia y su intangibilidad virtual, obliterante de la mirada como mancha)?

¿Es posible preservar el libro en el seno de una cultura multidimensional y multisensorial que conjugue y potencie lo mejor de los diversos regímenes semióticos?

Vislumbramos un futuro en el que la complejidad de una semiosfera híbrida, mixta, permita un espectro semiótico que conjugue el libro tradicional y la telepatía nano-robótica, lo real y lo virtual, la viva voz platónica y la escritura artaudiana en alta voz. Soñamos con un juego indecidible e indiscernible entre la letra sin azogue y el goce lacaniano, lo humano y lo inhumano, el metal y la carne, el virgo y la verga, las todavía casi impensables biotecnologías telemáticas del cyborg y la carta de a(l)mor
[3] manuscrita. Todo ello, debemos resaltarlo, sin ceder a la fascinación producida por la fantasía tecnofílica, bio-ciberimperial y financiera; esa que los niños tunantes del poder encanallado aún denominan: “inmortalidad inmanente post-humana”: ensoñación catártica, ascensional y uraniana; torpor autista del ánima sin aisthéton.

Armando Almánzar Botello
Santo Domingo, Septiembre 2006

Apéndice publicado en el libro Francis Bacon, vuelve. Slaughterhouse’s Crucifixion. San Francisco de Macorís: Ángeles de Fierro, 2007.

Publicado virtualmente en el blog de Pedro Granados, escritor peruano, como “El libro para Armando Almánzar-Botello, pasmoso erudito del presente”. (27 de junio, 2008).

Notas

[1] Significante del Otro barrado o significante de la falta en el Otro.
[2] Sujeto tachado o barrado, losange objeto pequeño “a”.
[3] Concepto lacaniano que entrelaza alma y amor en una sensibilidad barroca.