lunes, 13 de agosto de 2012

LÁGRIMAS NEGRAS: las mías por ti


POEMA ASONETADO, PERO TRASCENDENTE

                  Basílica Nuestra de la Altagracia. Higüey. República Dominicana. 


Por Armando Almánzar-Botello



¡Ay que triste, mi amor, ay que triste, ay que triste! ¡Y yo que hasta había comprado cien galletas para surtir el negocito pulsional de mi corazón memorioso! Y yo que hasta ya sentía correr por mis venas las aguas del río Duey, de Higüey, y de los ríos Yuma y Quisibaní....también de Higüey... Pero el buey estalló y todo se fue a la mierda, al mar del morir que es el vivir cuando se olvida el amor...

¿Te olvidas acaso del hecho simple de que lo eres todo, "toitico" para mí?

Pienso que un poema, una obra de arte, un relato, un ensayo como obra literaria, remontan por encima de las meras circunstancias afectivas de la "dedicatoria" y del simple hecho de si su autor(a) ofrece amor o no a un(a) determinado(a) mujer u hombre. ¡Pretenden valer por sí mismos con vocación de eternidad! ¡Más allá del ontológico pavor al excremento, velado con la nombrada métrica justa!

Y los míos —supuestos textos poéticos, ensayísticos y/o narrativos que con tanto amor escribo (aun sin haberlos dedicado de modo explícito a persona alguna en muchas ocasiones)— pretenden tener un valor transnarcisista, transhistórico y transideológico, como decía del poema y del "texto literario como valor y ritmo", ese gran manoseado y en ocasiones mal comprendido teórico francés Henri Meschonnic, en su lúcida teorización de los Tres Trans... ¡Jo!

Si por humildad fuera (aquí mi voz imita al Joaquín Balaguer más histriónico y "pizpireto"): ¡¡Quien ahora les habla merecería una corona de laureles!! Ningún hombre ordinario soportaría las cosas que he soportado yo, y, sobre todo, ¡tus desplantes, bella gitana, tus desplantes!

Sin embargo, te sigo a(r)mando y no te ol(vid)o... "por aquello que hicimos cuando chiquitos"... como diría Borges siguiendo en esto al poeta César Vallejo...



CODA:

MI DORMIR, MI DESPERTAR...



Yo, en particular, monstruo ineludiblemente culpable, aunque trabajo escribiendo casi siempre hasta muy altas horas de la noche, duermo luego muy en paz, de un modo singular, paradójico-turbulento pero irrenunciable: un contradictorio amoroso sosiego de metafísico y absorto lirón acompañado, lúcido y feliz... ¡Claro!, siempre muy bien iluminado por la Otra; primero, por mi Consciencia Encarnada en Rojo Primario Intenso, y, luego del Onírico Erótico Desastre, por la Revolución sutilmente atenuada en un temperado y gentil Rojo Bermellón... Y al despertar, sólo recibo besos inocentes, limpios todos de artificio y virtualidad...



© Armando Almánzar-Botello
Santo Domingo, República Dominicana. 






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