martes, 26 de enero de 2010

¿Machista Gramática Española?

“El género es una propiedad de los nombres y de los pronombres que tiene carácter inherente y produce efectos en la concordancia con los determinantes, los adjetivos… y que no siempre está relacionado con el sexo biológico. Las personas no tenemos género, tenemos sexo. De ahí, que la expresión “violencia de género” sea incorrecta porque la violencia la cometen las personas, no las palabras. En nuestra lengua se debe decir violencia sexual o violencia doméstica, como nos indica la Real Academia Española”.   Resumen de la consideración Académica que no comparto…

  Cum grano salis
Consideraciones intempestivas

Por Armando Almánzar Botello

I
He recibido recientemente, gracias a los correos electrónicos de algunos amigos poetas y académicos, unos interesantes datos acerca de la Nueva Gramática de la Lengua Española en dos volúmenes, obra editada por la Real Academia Española y la Asociación de Academias Americanas de la Lengua (Espasa-Calpe 2009).

Según nos dice la información obtenida, este importante documento es la primera gramática académica publicada en nuestra lengua desde 1931, y ofrece los resultados de once años de investigaciones y análisis realizados por las veintidós Academias de la Lengua en el mundo hispanohablante.

No lo he adquirido todavía, pero desde ya observo, en separatas de dicho documento ofrecidas por diferentes medios, que "unas van de cal y otras de arena".

Por ejemplo, puedo comentar que no estoy de acuerdo con la definición de "Género" que figura en el nuevo diccionario normativo. Su carácter evidentemente restringido es el que genera el quid pro quo que, a mi entender, podemos observar en el texto en cuestión.

Sin que "pequemos" de feministas, debemos resaltar que aquella definición de "Género" se limita sin dudas al aspecto meramente gramatical de dicho término, pues obvia la dimensión antropológica, política, sociológica y psicoanalítica de ese concepto (Gender) en el campo de los actuales Estudios Culturales, postestructuralistas y neo-marxistas.

Si entendemos por Género los atributos asignados cultural e históricamente a la diferencia sexual entre hombres y mujeres, podemos hablar de "violencia de género" para aludir a los conflictos y a la modalidad de violencia que resultan de la adjudicación "arbitraria" de roles y cuotas diferenciadas de poder a los sujetos de sexo diferente. 


La violencia de género podría ser del hombre contra la mujer (violencia contra la mujer), pero también de la mujer contra el hombre. Aunque muchos autores prefieren conceptualizar a esta última como 'violencia de pareja', reservando la categoría 'violencia de género' para aquella que se ejerce contra la mujer.

Asimismo, no discutimos aquí el tema de la "violencia de pareja" en el contexto de las relaciones homosexuales masculinas y femeninas. Entrar en estas matizaciones y diferencias sería el tema de otra reflexión.

Bástenos por ahora señalar que el concepto de "género", en la acepción descrita anteriormente, es algo distinto del simple "género gramatical" como propiedad lingüística, aunque guarde una cierta relación con esa arista del problema.

Del mismo modo en que los Estudios Multiculturales analizan la "violencia de género", podríamos hablar de "violencia racial", "violencia ideológica", "violencia verbal", "violencia sistémica" (Slavoj Žižek), etc. Evidentemente, la violencia aquí no la ejercen como entidades la raza, la ideología, la gramática o el discurso verbal, ni el sistema abstractamente considerado, sino los sujetos concretos involucrados en sus diferentes prácticas histórico-sociales y político-discursivas.

Al considerar gramaticalmente inadecuada la categoría de "violencia de género", los autores del nuevo diccionario proponen la utilización de sintagmas tales como "violencia doméstica" (restringida, como es evidente, al ámbito privado del domus) o "violencia sexual" (con toda su ambigüedad, en este caso estratégicamente inadecuada) para sustituir a la primera categoría que 
menciono, sin dudas problematizable críticamente desde una perspectiva filosófica, antropológica y psicoanalítica, pero no por ello menos válida y operativa en su particular registro teórico y su relativa coherencia.

En este contexto, la propuesta de la Academia me parece que implica un reduccionismo epistemológico y una "despolitización familiarista" de la categoría de Género (Gender).

Por otra parte, ese posicionamiento conceptual contribuye a crear y/o reforzar una confusión entre diferencias sexuales (bio-psicológicas y construidas por el significante, inscritas en la llamada Tabla Psicoanalítica de la Sexuación: Jacques Lacan) y Género (diferencias más amplias de roles y valencias de dominio entre los sexos, construidas por el cambiante contexto simbólico, histórico-cultural).

II

DIGRESIÓN SOBRE LO NATURAL Y LO ARTIFICIAL

La relación que podemos observar entre Physis y Techne, por ejemplo, no es similar a la que existe entre Naturaleza y Cultura.

Entre Physis y Techne existió, en el contexto de la cultura griega clásica, una relación de copertenencia o coapropiación que no se da en la oposición occidental más tardía Naturaleza/Cultura.

Posteriormente, el gran poeta latino Lucrecio, siguiendo en esto a una cierta vertiente de la tradición griega (que por cierto no es la de un Diógenes de Sínope), decía que la naturaleza se artificializa a sí misma, al participar de una "técnica generalizada" (Derrida), y que el grado máximo de artificialización a que llega ésta es... ¡el hombre mismo! (De Rerum Natura).

El concepto de "naturaleza", como algo opuesto radicalmente al "artificio" y a la industria humana, es una invención tardía de la Escolástica. Aunque se puede rastrear su raíz en los pensamientos platónico y peripatético. 

No decimos que no exista la oposición metafísica entre ambas categorías; decimos, problemáticamente, que ella no es, de hecho, una oposición que permita, aunque lo pretenda, un deslinde puro, sin resto, entre lo "natural" y lo "cultural". En todas las prácticas del Homo sapiens, lo "natural" se "humaniza" y lo "cultural" se "naturaliza". Existe entre ambos términos, "naturaleza" y "cultura", más que una oposición esencialista, antinómica, una relación de "contaminación" (Derrida) o de "síntesis disyuntiva" (Deleuze). 

No podemos percibir nada "natural", nada que podamos conceptualizar como tal, sin que trabaje ya en "eso" la huella, la marca, de un proceso de artificialización. De modo simétrico inverso, no existe nada que podamos llamar "artificial", "cultural", que no esté enraizado en la Physis, en cierta "materialidad precedente". Más que una contraposición esencialista, la deconstrucción percibe en los términos de esta oposición sin pretensión alguna de eliminarla de una vez por todas, la historicidad de lo que denominamos "naturaleza" y de lo que conceptualizamos bajo la categoría de "cultura".

La categoría de Género es ciertamente "deconstruible" en su oposición al "Sexo", entendido éste como algo dado de modo "natural".

Se puede mostrar filosóficamente que la oposición naturaleza/cultura ya es, de parte a parte, como diría Derrida, un hecho de cultura y de discurso.

Spinoza hablaba de una diferencia entre "Natura Naturata", considerada como producto y explicatio, como algo constituido, y "Natura Naturans", concebida como instancia constituyente que transgrede todas las oposiciones metafísicas —incluida la misma oposición de la que forma parte, hasta conducir a una suerte de complicatio indecidible.....  

III


Volvemos ahora al "tema vivo" que nos ocupa. Después de esta digresión que pretendemos esclarecedora, se hace preciso señalar que, no obstante su relación estructural profunda con la tradición metafísica a la que intenta escapar, la categoría postmoderna de 'Género', en su apuesta política y filosófica, se propone atravesar, por lo menos, la oposición privado/público. La teorización de ese concepto pretende superar el encierro y el "silenciamiento" político de la violencia asociada a la diferencia sexual clausurada en el ámbito del domus (casa, hogar). De hecho, existe toda una dimensión antropológica, histórica, socio-política de la violencia de género, que opera más allá de la simple violencia ejercida contra la mujer en el contexto exclusivamente doméstico.

Por otra parte, el significado del ambiguo sintagma "violencia sexual", puede confundirse con el de otra categoría menos amplia, aunque ésta pueda ser expresión particular de la violencia de género: la violación sexual. ¿Dónde están los especialistas que asesoran a los académicos?...

En cuanto a la llamada "redundancia de género" en el sentido de género gramatical, 
por ejemplo: diputados y diputadas, escritores y escritoras, niños y niñas, muertos y muertas, etc. me parece que lo "correcto" y funcional es apelar, por principio de economía lingüística, al 'universal masculino'.

Es válido suponer que 
pensando en términos estrictamente gramaticales, no existe en las lenguas, por necesidad lógica intrínseca, un lazo esencial, "natural", entre sexo y género gramatical. En este punto estoy de acuerdo con lo que establece la "nueva" gramática académica

Sin embargo, estar de acuerdo con la viabilidad y fluidez del sentido en el enunciado, con cierta funcionalidad económica del discurso, no implica que se desconozca 
la necesidad de cierta "deconstrucción diseminante" de la fórmula universal masculina, por encontrarse ésta ligada en su arrastre semántico inevitable y estructuralmente, a cierto androcentrismo, a la genealogía cultural que Jacques Derrida denomina tradición occidental falogocéntrica. Esta advertencia contra la renegación perversa (Verleugnung) y el desconocimiento de la diferencia masculino/femenino, se hace más válida y justificada en el contexto de las lenguas indoeuropeas, con todo lo que Benjamin Whorf percibía en ellas de esencialista y cosificador...

Decía Jacques Lacan: La mujer no-toda es. Tachaba el "La" de vocación universalizante. 

Algo de ellas, las mujeres, escapa a la función fálica.

Como a "la verdad", como a la escritura y su "productividad en marcha", sólo podemos aproximarnos al inaferrable resplandor de la mujer, merodeándolo...

No hay normativa que agote o regule de modo taxativo su "eterna ironía" desestabilizante.

Está comprobado históricamente, medrosos aurigas de la Inquisición letrada: nosotr@s, l@s adorables feministas, pondremos a funcionar —seductora, continua, ingeniosa, tenaz  e imprevisiblemente—, el 'machómetro' filosófico y ético-lingüístico, para elaborar nuevas micro-máquinas deseantes, nuevas propuestas creativas e insólitas armas escriturales contra los polvorientos Destacamentos Académicos de la Lengua Española armada de caducos prestigios y de airados: "¿Por qué no te callas?".

Así que: ¡Todavía no nos felicitemos, Machos!




Lunes 25 de enero de 2010.

1 comentario :

Miguel Ángel Fornerín dijo...

Armando:

Te dejo aquí un saludo y reitero la admiración que me depara tu obra literaria.

Miguel Ángel Fornerín