martes, 15 de septiembre de 2009

Poeta Invitado:

Miguel Aníbal Perdomo


Ventanas en la noche. Edward Hopper.



BAJO EL CIELO DE PLÁSTICO


A dos cuadras de la calle 14 flota el cielo de plástico, inventando su reino con ansias de verdades, y sediento de oferta, protege el edificio cuyo techo tranquilo y ladrillos rosados tientan al transeúnte.
Por esfuerzo que hago, no logro percibir a ninguno de sus habitantes, ni a la mujer de pelo oscurecido con quien llevo tres noches obcecado. No comprendo tampoco esta razón de lino que me cubre los ojos, aunque el jazz me consuele de los días en ayunas.

A las siete rayando, las ilusiones cruzan en plena retirada por la estación Rimbaud cuando el aire se quiebra al fragor de los trenes, que alcanzan en sus rieles las frecuencias urbanas.
Yo contemplo impaciente cómo el cielo clausura tragaluz y compuerta. Sin embargo, del lugar donde nace el rosado, no se asoma ninguno de sus habitantes.
Intranquilo, doy vueltas por la acera de enfrente, repitiendo en voz densa: Cielo en subasta. Lugar despiadado.


TAMBORES DE MAR



Toca el mar sus tambores y organiza sus muelles cuando dejas el barrio de ladrillos rosados. Empieza tu destino de avenidas sin límite entre palmas tejidas con dos manos de sal.

Yo te aguardo impaciente donde surgen las dunas, de cara a mi destino de exiliado terrestre, y te aproximas tú por las casas sedientas que se doblan y acercan a la pasión del agua.

El mar donde surgiste y adonde vuelves sacude la melena de espuma de cerveza. Sobre los malecones repican atabales y el ritmo de las Islas te sostiene en lo alto, para que las pupilas que definen la noche sacien su soledad al poder contemplarte.



EL ALIENADO


Iniciado en el rito de la estación más libre, abandoné mi casa, decidido a seguirte por calles y callejas. No sin antes vender, sin que mi padre lo advirtiera, su carro más veloz, sus preciosas acciones en la industria del ámbar. Me dediqué a escucharte, arrojando a las fauces del horno el Libro en que se asienta mi pasado y oscila mi futuro. Aunque nada advertí. No hubo ni un vaso roto ni una alfombra que ardiera.

Transformado en inspector afable que rastreaba tus huellas, compartí durante turbios meses, mis garrafas de vino y mi abundante mesa con un grupo neurótico de actores vagabundos. Cuando fui desterrado al suburbio más alto, me extravié en el futuro y pude adivinar la lluvia de fogata que ronda tu destino.

He podido entender la confusión del tránsfuga al cambiarme de mi bando a tu bando político; y en una noche ciega por solo 30 euros, traicioné a mis amigos. Al llegar la Cuaresma grabaron en Macondo, con ceniza indeleble, tu rostro en mi memoria. Y olvidando el sentido sonoro de mi nombre, cerré las autopistas del regreso.Ahora soy un hippie, girando por las torres cortadas del presente.

Tres Poemas del libro AFICHES EN LA ESTACIÓN RIMBAUD
de Miguel Aníbal Perdomo (Nueva York, otoño, 2008) .

domingo, 30 de agosto de 2009

Poema a una mujer

La Jungla. Wifredo Lam



Él quiere oler tu nombre hasta salirse de las filas. Desgarrarte y que tu hambre sin medida lo desgarre, lentamente. Pene-trarte y que tu sombra rabiosa lo penetre, de modo inverosímil, pero cierto. Ofrecerte su alma de Zar enardecida y su botella de salvación supra-sideral y mística; la que encierra en su misterio a un barco velero y su potente infinitud de Universo...

Él anhela besar con devoción tu rosa negra, y lamerte el pistilo con su estilo y con su estigma-, y que seas tú para él su benjamín, su caracol, su espiral, su coliflor, su muchachito…

De tus recónditos humores quiere la tierna promesa de lo eterno...

Mordisquear dulcemente la aureola de tu ser aspira; melodía inoída hollar en tu sueño erguido que lo arrebata quiere, y olvidar las líneas de su rostro en tu reposado fluir de flor que se despierta.

¡Cómo bañar este insomnio amargo en el rocío lúcido de tus entrepétalos! ¡Cómo evitar el naufragio sordo, el aullido y la caída ciega en el terror perfumado de una carne que piensa!

En cubos transparentes de cristal, copula el innombrable con tu oscuridad entreabierta.

Él desea beber tu convulso silencio, y cogerte como su perra celeste y coronarte, desnudándote la herida con el beso más impuro en el desértico grito de tu adentro, de tu alta y todavía indescifrada frente…

jueves, 13 de agosto de 2009

Armando Almánzar Botello: celebración de la escritura

                    
  
                                       José Mármol              


Por José Mármol



La lectura es, se ha dicho de tantas formas, un acto de creación. Leer un texto literario implica, ineludiblemente, el tremendo desafío de reinventarlo en la madeja del ansioso, ya no tanto lúdico proceso de continua construcción de uno mismo, de esa abstracción difusa que llamamos subjetividad. El lector se aproxima al texto desconocido con sus atavíos y su mochila de sentidos. El encuentro podría ser placentero o aburrido, excitante o pasmódico; resultar un antídoto o un tóxico, una fiesta del intelecto u una oscura noche del alma, un estímulo o una parálisis, un deleite o una gastritis estética y cognitiva . No importa. Lo que interesa a la cultura, más bien, es el hecho de que se produzca el instante, si se quiere mágico, a pesar del marketing, de un texto que procura un lector, de una presa que persigue un cazador, de un alter ego que aspira a un hipotético crreador, para invertir así el binomio de Stravinski.
Al disponerse uno a leer una obra hay que estar más o menos consciente de que podría terminar mudándose, desterritorializándose, migrando, dice Paul Ricoeur, de un mundo propio a uno extraño, último que deriva de la plasmación de un vestigio de vocablos sobre una superficie en blanco, pero que, extrañamente, termina resultando también propio, y a veces íntimo.
Cuando llegó a mis manos, amigablemente entregado por las suyas, Cazador de agua y otros textos mutantes, una antología poética de Armando Almánzar Botello que recoge textos de entre los años 1977 y 2002, bellamente editada en la colección literaria El Barco Ebrio, perteneciente a la Editora Nacional, que hoy dirige, con notables frutos, el poeta Alexis Gómez Rosa, el primer pensamiento, casi temor que me asaltó fue el de cómo había de ataviarme, de pertrecharme yo para emprender el extraordinario viaje que implicaría adentrarme en las páginas de un libro que yo estimulé, sin inmediato logro, pero que esperé, pacientemente durante más de dos décadas. ¿Acaso habría de adentrarme en el libro desnudo y sin ningún precepto o poscepto?
Una revisión, incluso capciosa, si alguna mente perversa quisiera así efectuarla, de las fechas con que el autor calza la mayoría de los textos aquí antologados no me dejaría desamparado. Porque, con respecto al autor de esta obra, es bueno decirlo desde ahora, nos encontramos ante, no sólo un extraordinario y agudo lector, sino además, ante un escritor de depuradísimo oficio, un dilatado artista y pensador de la palabra, de fisiológico-estilística raigambre flaubertiana, cuya aparente renuencia neurótica a la escritura, según propia confesión, no es otra cosa que humilde y sabia postura, por un lado, y por el otro, consciente proceso de acrisolamiento y fraguado del pensamiento y la palabra. Este hecho coloca a nuestro autor al margen de los aspavientos y el narcisismo publicitarios que tipifican hoy tantos engendros y esperpentos editoriales, que exhiben, a simple vista, y con un alarmante dejo de ignorancia disfrazada de sagacidad, que partieron de la equívoca premisa de haber sido publicados sin antes ser escritos.
La de Armando Almánzar Botello es una escritura que manifiesta, con creces, la ostensibilidad de la creación textual sin límites lógicos ni estéticos, que trasciende los paradigmas del saber y del sentir, a veces a lomos de una impulsiva gramática del habla y otras veces sobre la envergadura de una elaborada gramática del texto inventivo. De hecho, su prosa poética y su verso prosado, que es granítica compacidad expresiva del buen dominio del idioma, resultan una síntesis superadora de los abismos entre la ciencia y el arte, aventura con la cual nuestro autor concretiza el sueño pensado por Paul Feyerabend y por Gaston Bachelard, entre otros.
Esta antología revela la escritura como si se tratase de correr el velo de malla schopenhaueriano. La escritura como espejística pantalla del delirio de Derrida, donde el instinto de concreción o vida de la palabra se hace instinto de deconstrucción, tachadura, disolución o muerte del lenguaje mismo. La escritura como una imborrable herida lacaniana. La escritura asumida como la filosofía en Nietzsche, es decir, como un designio de sangre y fuego. La escritura como un rizomático asombro deleuziano. La escritura como autoexpropiación, como desgaste y despojo carnales del ser en la palabra, según el deseo de Bataille. La escritura que no abusa de la palabra, sino que la eleva hasta convertirla en superficie del silencio.
Es al abate Dinouart, a quien remite este último aserto, porque en su praxis escritural Almánzar Botello está muy próximo a seguir, mediante un justo equilibrio entre una semiótica del signo y una semiótica del silencio, es decir, entre el verbo y el espacio en blanco rastreable en cada página, aquella máxima que el abate Dinouart hace estandarte de su obrita de 1771, El arte de callar, principalmente en materia de religión (1776), que reza: “Sólo se debe dejar de callar cuando se tiene algo que decir más valioso que el silencio”.
La publicación de esta antología constituye una suerte de iniciación, por parte de su autor, por cuanto, a excepción de esporádicas publicaciones en revistas y la presentación de enjundiosas y siempre esclarecedoras ponencias en simposios y seminarios sobre arte y literatura, se hizo esperar por largos años este su primer volumen, que lleva la adjetivación de lo poético, pero que, a mi ver, se encuentra en él la profundidad y certeza de un ensayista de fuste, capaz de articular la relación entre imagen poética, concepto filosófico y teoría de la escritura o metaescritura en un tejido textual de singular originalidad y acierto.
En el poema-ensayo titulado “Escribir/publicar”, el poeta pensador, luego de declarar su sueño o deseo de una prosa poética y clara de ritmo tan ligero y sutil como el de finos pecesillos moviéndose en el rubor del agua más diáfana, pero capaz también de respirar poderosamente buceando en las zonas abisales del ser, habla acerca del hurto que de su inscripción en la escritura creativa hace el propio escritor, lo cual se traduce en negativa a publicar lo ya escrito (ps.117-118). Esta disyuntiva sólo puede ser rebasada, salvada por una actitud que enfrenta el ser a su existencia por medio de la escritura misma.
Se trata, pues, de la ética del escritor, la cual exige una correspondencia oblicua entre lo que dice y lo que vive, entre la vida y la obra. Esta ética tiene por eje el compromiso, más allá del bien y del mal, del escritor, del pensador poeta con el lenguaje y con la obra que a partir de la naturaleza simbólica de este se erige en testimonio y en superación verbal de la realidad circundante y de su interpretación convencional.
En el poema titulado “Río suelto” aparece un epígrafe no gratuito. Rescata palabras de Harold Bloom que dicen: “Todo poema es una angustia lograda”. Es el propio Bloom quien acuña una expresión feliz sobre la relación entre un autor y sus lecturas predilectas, por supuesto, rastreables de alguna forma en el ejercicio de la escritura. Esa expresión o concepto es el de la angustia de las influencias. Intentar aproximarse a las probables influencias en la obra de Armando Almánzar Botello es una empresa harto compleja. Sólo me atrevería a esbozar algunos nombres con los que el recurso de la intertextualidad ha permitido un juego de notables hallazgos rítmicos, metafóricos y estilísticos. A saber, Beckett, Lacan, Derrida, Paz, Deleuze, Sade, Nietzsche, Rorty, Barthes, Lao Tse, Basho, Cacciari, Meschonnic, Diderot, Foucault, Dalí, Van Gohg, Blanchot, Lyotard, entre otros tantos que no podría enumerar. No obstante, se puede decir sin remilgos de Almánzar Botello lo que una vez se dijo de Rubén Darío, destacando en el nicaragüense la enorme cantidad de poetas que lo habían influenciado, y acotando, sin embargo, que era todos ellos y ninguno a la vez.
Podría sugerir otras tantas claves para la lectura de este significativo libro. Sin embargo, no es este el momento para hacerlo, y prefiero, por ahora, retar al lector a que las encuentre. Quisiera terminar afirmando que la lectura de Cazador de agua y otros textos mutantes, de mi admirado amigo Armando Almánzar Botello, es para mí una revelación, un síntoma de cuánto podría este libro cambiar, tornar interesante y fértil, quiero decir, el panorama poético, no sólo de la República Dominicana, sino en Hispanoamérica. Invito, pues, a su disfrute, a su lectura, a que haga el lector ese viaje del que habla su texto “La máquina mutante”, en el cual, durante la travesía va uno descubriéndose en su otro, renaciendo y reinventándose.
Do livro Las pestes del lenguaje y otros ensayos. Editorial Letra Gráfica. Santo Domingo. República Dominicana. 2004. Original gentilmente cedido pelo Autor para a Banda Hispânica.
También puedes ver este artículo en su página original, por medio de este link: www.revista.agulha.nom.br/bh20botello.htm

miércoles, 12 de agosto de 2009

AMOR VIR(TU)AL

"Cadáver queda, no se torna carroña, 
el cuerpo que habitaba la palabra, que el lenguaje cadaveriza". Jacques Lacan


                 Excursion into Philosophy. Edward Hopper1959




Por Armando Almánzar Botello



En unas horas me encontraré en estado de "suspensión animada". Ellos, los ávidos banqueros y tecnócratas cibernéticos, me desconectarán por tiempo indefinido de la Gran Red del Simulacro: Internet, Telecable, Redes Sociales Virtuales, Teléfono, Realidad Virtual inmersiva...

Deberás, mujer, estar atenta entonces,                   a eventuales y breves llamadas que pueda hacerte todavía por mi provisorio teléfono móvil, ilícito... Será una especie de comunicación telepática de ultratumba la que sostendremos, esporádicamente, a través de la máquina celular y de la esfera cuántica... ¡Momentáneos reductos finales de nuestra comunicación tangible!

Luego, abolida también esa última vía de contacto, sólo tú serás testigo de mi soledad y de mi encierro en la cámara de suspensión de lo Real...

¡Quién sabe qué remotos mundos perdidos vislumbre cuando explore taciturno el desierto de mis órganos!

Tal vez redescubra el diálogo con las piedras, las reflexiones compartidas con el agua, las extrañezas del bismuto, del hierro y del antimonio, la mágica sensibilidad casi humana de los cristales, los sutiles anhelos del oxígeno y de las flores...

Quizá me aproxime a la recóndita verdad de nuestro amor... A las ensoñaciones y gemidos infrasónicos del mundo...

¿Los efluvios repulsivos de la energía oscura, imponderable, darán entonces testimonio de nuestro invencible misterio?

La vocación de lo imposible ahogará mi ser en la memoria sangrienta del rojo mercurio. Me deslizaré lentamente al reverso de la imagen, donde brillaba la soberanía de tus nalgas turgentes, -anhelos del neón a través de la ventana-, violenta y tenebrosa verdad de mi escritura...

Descenderé al recuerdo y al resplandor de aquel astro: el innominable oscuro que palpita entre tus muslos...

Retornaré sin tiempo a mi estatuto de cadáver, a la opacidad de lo inmóvil, a la neutralidad de la Cosa, al cuerpo desnudo y latente no virtualizado. Volveré a las galerías primordiales de la carne, donde las copias no logran erigir sus fantasmas: el secreto vacío como un ángel de plástico, la pasión ahogada en tinta transitoria, los semblantes de luces y sombras mentirosas...

¿Qué secretas puertas se abrirán para mí cuando caiga en mi ciego Ser desconectado?

¿El cuerpo biológico es una tumba madre desde donde se inicia la aventura cósmica?

¿Otra luz increíble, pre-tecnológico miedo, hará de nuevo palpable un dulce terror olvidado: los besos, las caricias, los olores oscuros del puerto, la luz de tu ventana, el sueño como el agua mojando tus cabellos, lejanas y perdidas geografías de lo incierto?...

¿Descubriré lo terrible en la dura realidad que retorna, implícito el Cielo perdido en mi suspensión animada?

Regresaré a mi soledad originaria, donde lo digital-protésico será tan sólo un pálido recuerdo... Carne sorda de cyborg averiado...

Evocaré, mujer, tus correos electrónicos, tus mensajes en facebook, las fotos en tu muro... hasta que las Transnacionales de la Comunicación me digan de nuevo: ¡¡Lázaro, duérmete y tómala!!

Entre tanto, como una momia absorta yaceré en mi carne, respiraré desnudo en nuestro lecho yerto; lúcido, atrozmente despierto, frío y ausente de mí... a tu lado...



 © Armando Almánzar Botello
     Santo Domingo, República Dominicana.

martes, 7 de julio de 2009

ALGUNOS JUICIOS CRÍTICOS SOBRE LA OBRA DE ARMANDO ALMÁNZAR BOTELLO

sábado 4 de julio de 2009

Dice Pedro Conde Sturla:

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Pedro Conde Sturla

En esta segunda entrega del artículo de Armando Almánzar Botello, el sigiloso “Cazador de agua y otros textos mutantes”, se aclaran ciertos sentidos que se perdieron cuando el texto tuvo que ser dividido por razones de espacio y me obligó a improvisar, a publicar una parte que no correspondía precisamente al título, aunque lo anticipa de muchas maneras.
Ahora sí lo pueden ver al cazador capturando a su presa, lo pueden leer en su ejercicio lúdico, disertando brillantemente, alegremente, navegando entre el plagio de Bryce Echenique, que para él es “en realidad, chiste genial, boutade de altos quilates para ‘ojos que saben traspasar adornos y atavíos’”, y esa Madame Bovary que “en pleno falocratismo del siglo XIX, reivindica a la mujer como espacio transgresivo de la des-apropiación.”

http://www.elcaribecdn.com.do/site/index.php?option=com_content&view=article&id=211412:almanzar-botello-entre-bryce-echenique-y-madame-bovary-y-2&catid=292:pedro-conde-sturla&Itemid=353

Publicado originalmente en El Caribe. 13 de Jun 2009
Dentro de este blog:
Pedro Conde Sturla es escritor pedro.conde@codetel.net.do

Dice Odalís G. Pérez


Odalís G. Pérez

“Ligado al vertimiento de una semántica ‘desemantizada’, el Cazador de agua es un dios, pero un ‘dios escrito’ parecido a Genet, a Mishima o a Beckett.... El contacto con esta obra asegura el conocimiento de lo que ha sido el fenómeno poético dominicano actual en sus principales búsquedas...” Odalís G. Pérez.

Dice César Augusto Zapata:


César Augusto Zapata

“Francis Bacon vuelve. Slaughterhouse’s crucifixion’, nos pone ante una original forma de escritura que no oculta, sin embargo su tradición, y a un tiempo nos revela metapoéticamente sus claves escriturales, dándonos a ver desde Henri Michaux hasta la experiencia Camp”. César Augusto Zapata.

Dice José Mármol:


José Mármol

"Cazador de agua y otros textos mutantes, de mi admirado amigo Armando Almánzar Botello, es para mí una revelación, un síntoma de cuánto podría este libro cambiar, tornar interesante y fértil, quiero decir, el panorama poético, no sólo de la República Dominicana, sino en Hispanoamérica". José Mármol.

Dice Alexis Gòmez Rosa:


Alexis Gómez Rosa

“Francis Bacon, vuelve. Slaughterhouse’s Crucifixion’, instaura un nuevo código discursivo que hace de su dicción un entramado de sólidas arquitecturas verbales e insólitos hallazgos expresivos”. Alexis Gómez-Rosa.

Dice Marcio Veloz-Maggiolo:


Marcio Veloz Maggiolo

"He dicho que escribo a “lo Almánzar”, no me interesan sino las sensaciones que producen sus resonancias y disonancias. Digo que sus visiones del mundo orillan, en la post-modernidad, las de un Bosco caribeño que recrea el universo con el que intenta dejar de soñar. En su soledad y en su atasco de pasiones, Almánzar Botello incluye a políticos, a poetas, a una fauna esotérica y mistérica que en la realidad es sólo materia prima para su justificación de la metáfora".

"Digo que sus visiones del mundo orillan, en la post-modernidad, las de un Bosco caribeño que recrea el universo con el que intenta dejar de soñar. En su soledad y en su atasco de pasiones, Almánzar Botello incluye a políticos, a poetas, a una fauna esotérica y mistérica que en la realidad es sólo materia prima para su justificación de la metáfora”.

Marcio Veloz-Maggiolo, El Sueño y la Palabra.(Francis Bacon, vuelve, de Armando Almánzar Botello). Publicado en Listín Diario. 25 de julio, 2007

Almánzar Botello: entre Bryce Echenique y Madame Bovary (1)

sábado 6 de junio de 2009

Por Pedro Conde Sturla


Almánzar Botello


Armando Almánzar Botello es una criatura extraña, fuera de serie, fuera de toda serie.

Cuando me reúno con él en El Palacio de la Esquizofrenia -y hace tiempo que no nos reunimos-, el diálogo adquiere giros inauditos, porque Armando es dueño de una jovial erudición que seduce y deja maravillado al interlocutor por las ideas que destila y por la forma entusiasta que les imprime.

Artes plásticas, lingüística, literatura, sicología y otras disciplinas forman parte de su amplio dominio de la cultura. Poco o nada escapa a su conocimiento en estas áreas, pero además –como buen personaje de Borges- es un notable memoriógrafo.

Recita a Dante, sin conocer su lengua, en italiano inteligible y en su conversación uno siente que está abrevando en la fuente del saber, sin que jamás asome en sus palabras el mínimo dejo de pedantería.

Almánzar Botello es autor, entre otras cosas, de “Cazador de agua y otros textos mutantes” (una antología poética que recoge poemas de los años 1977 y 2002), y “Francis Bacon, vuelve. Slaughter-house’s Crucifixion”. Esta última entrega ha sido definida por Marcio Veloz Maggiolo como “una esotérica visión del mundo astral, o de lo que pudiera serlo. Mundo a veces dantesco, dantiano cuando el tacto apunta a ser y dar a los sentidos una explicación microscópica”.

No queda mucho espacio en esta página para ampliar la presentación de Armando Almánzar Botello, y prefiero que se presente él mismo con su característica dosis de humor e irreverencia. La misma que se anuncia desde el título de su artículo, el artículo invitado de hoy, un acertijo crítico y un diálogo entre Bryce Echenique y Madame Bovary, un juicio a contrapelo de la lógica formal y cualquier otro formalismo.

Almánzar Botello: entre Bryce Echenique y Madame Bovary (y 2)
Por Pedro Conde Sturla
13 de Jun 2009 12:00 AM

En esta segunda entrega del artículo de Armando Almánzar Botello, el sigiloso “Cazador de agua y otros textos mutantes”, se aclaran ciertos sentidos que se perdieron cuando el texto tuvo que ser dividido por razones de espacio y me obligó a improvisar, a publicar una parte que no correspondía precisamente al título, aunque lo anticipa de muchas maneras.

Ahora sí lo pueden ver al cazador capturando a su presa, lo pueden leer en su ejercicio lúdico, disertando brillantemente, alegremente, navegando entre el plagio de Bryce Echenique, que para él es “en realidad, chiste genial, boutade de altos quilates para ‘ojos que saben traspasar adornos y atavíos’”, y esa Madame Bovary que “en pleno falocratismo del siglo XIX, reivindica a la mujer como espacio transgresivo de la des-apropiación.”

JURÍDICAMENTE CULPABLE Y HUMORÍSTICAMENTE INOCENTE.

En el caso de Bryce Echenique, no hay transformación de los materiales recibidos, sino mera transcripción literal de los mismos.

En este sentido podríamos argumentar que existe plagio, en el sentido vergonzante que ha adoptado esta palabra a partir de cierto momento histórico en el desenvolvimiento de la literatura occidental. (En la Antiguedad y en la Edad Media, por ejemplo, no existía el concepto de plagio: ni literaria ni jurídicamente hablando).

Pero es preciso resaltar que Bryce no "hurta" regularmente obras de ficción, sino simples artículos periodísticos o académicos que casi siempre son mera reproducción inerte de ideas que forman parte del clima espiritual de nuestra época, de una especie de atmósfera de conciencia colectiva contemporánea.

Con ello, Bryce está sacando de su gris anonimato a ciertos cagatintas (no todos), que en lugar de vanidosamente denunciarlo como plagiario, deberían agradecerle al gran escritor peruano sus esfuerzos por inmortalizarlos.

Por otro lado, y lamentablemente -para muchos “odiadores” del autor que nos ocupa-, la obra creativo-transformativa de Bryce permanece libre de toda sospecha de plagio, por lo menos en el sentido que permitió someterlo a la acción judicial.

A "mi" entender, Bryce es un humorista en la tradición de Swift, Chesterton y el non-sense británico. Un ostentador paródico-satírico, además, de ciertas aristas propias de la histeria genial de Flaubert.

Después de Bryce escudarse -ante las primeras acusaciones de plagio-, en su declaración de que "toda la culpa era de su secretaria, por esta haber confundido ciertos papeles en la oficina", llega el momento en que se siente "acorralado" por el peso de las evidencias aportadas por los demandantes, y declara al fin: "¡MI SECRETARIA SOY YO!".

Confesión de su responsabilidad en la comisión de los hechos que se le imputaban (desde el punto de vista jurídico-moral), pero en realidad, chiste genial, boutade de altos quilates para "ojos que saben traspasar adornos y atavíos".

Estamos frente a la variante postmoderna del flaubertiano "¡Madame Bovary soy yo!"... declaración provocadora por medio de la cual Flaubert, en pleno falocratismo del siglo XIX, reivindica a la mujer como espacio transgresivo de la des-apropiación.

¡Cuánta gracia y acierto los de Bryce para descalificar los escritos "propios" de los gacetilleros y pseudo-ensayistas actuales que nunca cesan en el pegoteo semántico de sus inepcias, en la roma reproducción de ideologemas y culturemas que, en medios huérfanos de tradición cultural consistente como lo es el nuestro, pasan por ideas originales, "personalísimas" y brillantes... ¡Si por lo menos tuvieran el decoro del "estilo"!...

Aunque en el caso de Bryce, el hurto de baratijas también puede interpretarse como un homenaje a la bisutería de tocador que tanto amamos, y a los viejos "prenderos italianos que tanto padecimos". ¡Oh, Madame Bovary, ora pro nobis peccatoribus!.

Existen dos tipos de actitudes ante el acto de escritura, decía "yo" hace largos años -y me perdonan, amigos, la inmodestia de citar- "me" a mí mismo (dudo siempre de este mí-mismo): la que consiste en borrar el resplandor del gesto y hurtar a la luz pública una real escritura transformativa, negándose el autor sintomáticamente a publicar lo ya escrito -con el riesgo de que interlocutores "apresurados" le tomen la delantera-, y la de aquellos cleptómanos que publican permanentemente sin haber escrito casi nunca de modo efectivamente textual-transformativo.

Mi (star) sí-mismo, parti(o)cularmente, me incluye en esta última categoría: No considera a mi Yo su maestro, ¡Je!... ¿Moi?. Corresponde a la crítica, dentro de "cincuenta" años, señalar cuáles obras entran en una u otra estrategia discursiva.¡Por ahí se escucha el rumor de sonorosos ríos de tinta!.

En fin, queridos hermanos, podéis iros en paz. Que la gracia del Señor, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre "vuestra escritura".
El que desee, -¡menos Bryce!-, puede apropiarse de estas simples notas o apuntes. Lo excluyo a él en particular, para "yo" no correr el albur monstruoso de la inmortalidad.

Vean ustedes: ¡Cierro con la variante "alman-sa(h)ariana" de un lugar común, ya patrimonio del desierto humano!: Borges.
Si el estilo es (soy) el hombre, la mujer sería (se haría) Madame Bovary, el goce innombrable y sinuoso de la escritura. ¡Mi secretaria soy yo! (Armando Almánzar Botello).

Enredo Brisa Hacenoche
El Nuevo Madrid, Agosto 8 del 2059

ALGUNOS JUICIOS CRÍTICOS SOBRE LA OBRA DE ARMANDO ALMÁNZAR BOTELLO. “He dicho que escribo a ‘lo Almánzar’, no me interesan sino las sensaciones que producen sus resonancias y disonancias.

Digo que sus visiones del mundo orillan, en la post-modernidad, las de un Bosco caribeño que recrea el universo con el que intenta dejar de soñar. En su soledad y en su atasco de pasiones, Almánzar Botello incluye a políticos, a poetas, a una fauna esotérica y mistérica que en la realidad es sólo materia prima para su justificación de la metáfora”. Marcio Veloz-Maggiolo.

"Cazador de agua y otros textos mutantes, de mi admirado amigo Armando Almánzar Botello, es para mí una revelación, un síntoma de cuánto podría este libro cambiar, tornar interesante y fértil, quiero decir, el panorama poético, no sólo de la República Dominicana, sino en Hispanoamérica". José Mármol.

“Francis Bacon, vuelve. Slaughterhouse’s Crucifixion’, instaura un nuevo código discursivo que hace de su dicción un entramado de sólidas arquitecturas verbales e insólitos hallazgos expresivos”. Alexis Gómez-Rosa.

“Francis Bacon vuelve. Slaughterhouse’s crucifixion’, nos pone ante una original forma de escritura que no oculta, sin embargo su tradición, y a un tiempo nos revela metapoéticamente sus claves escriturales, dándonos a ver desde Henri Michaux hasta la experiencia Camp”. César Augusto Zapata.

“Ligado al vertimiento de una semántica ‘desemantizada’, el Cazador de agua es un dios, pero un ‘dios escrito’ parecido a Genet, a Mishima o a Beckett.... El contacto con esta obra asegura el conocimiento de lo que ha sido el fenómeno poético dominicano actual en sus principales búsquedas...” Odalís G. Pérez.
Pedro Conde Sturla es escritor
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NOTA: Ver artículo citado en este link:

http://www.elcaribe.com.do/site/index.php?option=com_content&view=article&id=210706:almanzar-botello-entre-bryce-echenique-y-madame-bovary-1&catid=292:pedro-conde-sturla&Itemid=353

O este otro dentro de este blog:
http://tambordegriot.blogspot.com/2009/05/juridicamente-culpable-y.html

Pedro Conde Sturla es escritor pedro.conde@codetel.net.do
http://pedrocondestur.googlepages.com/yourpage'stipáginasnegras

El Plan

martes 26 de mayo de 2009


             Grabado japonés del maestro Katsushika Hokusai. 1820


El Plan (relato)

Por Armando Almánzar Botello

Para L. N. G.



¡Oh rabia impotente! Parecía que la presencia fatal de un virus electrónico había infectado de forma selectiva los mensajes que los dos se venían comunicando a través del ordenador en el transcurso de aquellos agitados meses de pasión enmascarada. Por ese grave acontecimiento, el sujeto de la escritura no había podido acceder a ciertos archivos que le permitirían definir con más precisión el plan del relato seminal que serviría de base para el otro vuelo.

¿O sería más bien para el descenso al subsuelo ilimitado y monstruoso de su propio ser, de su atroz memoria?... Palabras demasiado convencionales para expresar la terrible perspectiva que se abría ante sus ojos.

Temblaba frente a las puertas entreabiertas del posible cumplimiento, del Plan que vislumbraba, ominoso y ciego como la ruta de un Metro fantasma deslizándose en la noche por interminables galerías subterráneas, clamando por la encarnación de sus espectros en la espesura sombría de su trayectoria inconsciente, ineluctable... Pensó entonces en la frase de Mishima: Se abre hacia la muerte, tal como un kimono de seda se desliza por la pulida superficie de una mesa hasta caer silencioso en la penumbra del piso...

Sintió un escalofrío que recorrió su espina dorsal, y contempló -mientras escribía en el silencio de la noche alta-, la pantalla fosforescente del computador... Al cabo de un rato, apartó la mirada de aquella luz que lo hería, y miró las ventanas oscuras de su cuarto. Pensó entonces en los parques públicos de día, en viejos paraguas olvidados en rincones también sin memoria, en calles al atardecer atravesadas por las corrientes vertiginosas de autos carnívoros, en secretas escaleras que ascendían como promesas de magnolias en la noche, en remotos lugares cerrados donde un hombre y una mujer se desnudan eternamente en la penumbra, para entregarse, resplandecientes de pasión y de extrañas metamorfosis, a ritos innombrables y voluptuosos...

Llegaron a su mente aquellos solares llenos de plantas extrañas, ratas gigantescas, restos de ordenadores y máquinas de finalidad incierta; cucarachas y bichos que creíamos hacía mucho tiempo extinguidos, basureros que aparecen de súbito entre algunos edificios de las grandes ciudades ofreciendo el testimonio de una secreta y vaga verdad de la existencia: la banalidad con la que casi siempre se disfraza el enigma inanticipable del acontecimiento... Porque -pensaba-, no hay nada más misterioso que la basura, que los restos, que los vestigios, que los escombros... Huellas primordiales de la sangre en las palabras terribles que perduran...

En el sujeto de la escritura se ahondaba el hueco, la inclemente verdad de la carencia, el vacío donde agazapada, retorciéndose, ondulante, la peligrosa cobra de la escritura preparaba su fármacon letal.

Al no encontrar en el ordenador los referentes escritos que dieran testimonio de los hechos en apariencia acontecidos entre ellos en los últimos cuatro meses, le parecía que todo había sido un insólito y turbulento sueño del que apenas ahora acababa de despertar, y que esta ensoñación comenzaba, con extraño goce de planta carnívora y angustiosa fiebre delirante, a florecer de nuevo transfigurada en su conciencia, al rememorarla...

Toda la realidad al alcance de sus ojos en la polvorienta buhardilla: arriba, la noche del cielo raso; abajo, la mesa sobre la que escribía iluminada tenuemente por una pequeña lámpara eléctrica, el bolígrafo que sostenía latiendo entre sus dedos entumecidos (escribía ahora a mano, convencida de que la pantalla del ordenador quema los sueños), la página sobre la que trazaba frases inconexas y zigzagueantes, el viejo escritorio sobre el que se reclinaba como sobre un abismo, los libros y objetos dormitando casi vivos en los anaqueles de madera, los pasos enigmáticos de otro huésped del insomnio en la habitación vecina, la sombra voluptuosa de un torso desangrado en la memoria, todo lo que alcanzaba a escuchar y sentir en la alta noche, todo, se consumía como ella en el incendio de la incertidumbre...

De forma parecida a la de Chuang-Tzu, -pensó el sujeto de la escritura.

De forma parecida a la mía leyendo estas frases -prosiguió alguien hablando en voz alta-, que cuando despierto del sueño en el que creí vislumbrar a Chuang-Tzu, no puedo saber si he soñado a Chuang-Tzu, o es él en realidad quien continúa soñándome -incesante como el grito de mi ser-, ahora, aquí, creyéndome despierta en lo que escribo.

Entonces, blandiendo el filoso cuchillo sobre el seno desnudo de la mujer de rasgos orientales -que fosforescía a su lado en el lecho como una dormida y delicada flor de ciruelo-, el innombrable comenzó, con firmeza y precisión, a escribir la verdadera historia...



© Armando Almánzar Botello