lunes, 10 de mayo de 2010

Francis Bacon, vuelve. Slaughterhouse’s Crucifixion


 
Pintura 1946. Francis Bacon

                                                                                           
Por Armando Almánzar Botello

A la memoria de Gilles Deleuze, 
quien acaso hubiese podido suscribir también este poema




Soledad de paraguas no percibe
la que indiferente crea, todavía.
Curva,
ciego trazo, negrura soberana, mancha informe
del pigmento. Sangra rota la textura por el filo
de la espátula. Eso raspa.
Slaughterhouse’s Crucifixion.
¡Oh sufriente madero del olivo!
Atroz y chorreante cuerpo cierto interminable.
Slaughterhouse’s Crucifixion.
                                                                                                                                                                    Un dolor atónito que tiembla gusano 

que se arrastra lento por la tela en coágulo imprevisto. Carne abierta que no cesa. Slaughterhouse’s Crucifixion. En garfio suspendida la belleza desollada.

La mano, con trapo frota, loca, orienta
la hemorragia, enturbia frente y labios…
despega, en el aire del instinto, el oscuro
paraguas del miedo casi un ave.

Con duro hierro araña, corta marca labra
-garra del halcón, cuchilla enardecida-
la mano:
azar transfigurado, caníbal
boca ciega.
Un puño, tremendo,
golpea sobre un lienzo el diagrama contingente
de las fuerzas... Accidente utilizable...

Chorro ardiente que perturba el esquema visual
configurado.
Borra un ojo, vuela un trazo, plata
líquida los labios, mancha viva que se expande,
pincel que muerde, arde, látigo erguido,
torso que sangra.
Hambre gruñida del abismo en retorno animal de
rostro en fuga.
Obsceno, ameboide hocico proteiforme.

Gotas por la tela: sangre. Mercurio, semen, leche oscura:
centrífugas manadas de la mente.
Roto sinsentido musical en devenir omnímodo 

de glandes.
 
Bombardeo tecnológico del miedo.
Cámara de gas. Matadero:
Vibra la carne intensamente cerdos, bueyes y corderos,
pájaros, mandriles, escorpiones... malvaviscos...
Pero no. Flor de fango erógena la mano,
indecisa aletea solitaria, sangra y sonora
impredecible tiembla. En gesto disolvente
se despoja, se desnombra, cae a fondo,
raspa,
cangrejo renegrido, arroja sus pulsiones agrias en este
trapo insomne.
Violencia disonante de la tinta.
Carne grita sombra en espacio que no piensa. Gime.
Siente. Pero no. La tela, el velo, su naranja:
borra. Vibra cuchillo nuevamente.
Duele la piel, hondo.
Cual monstruos dedos machos mastican
rotos dientes del piano flores blancas.
Aceitan, entintan,
percuten teclas negras.
El óleo se levanta:
ondula,
violento,
seminal,
rabiando el zumbido del motor su chorro de agua/pintura sobre un lienzo.
Rojo Verde Negro.
Virgo Virga Sangre.

Con un trapo en la cabeza -enigmático,
tríptico animal- horror de carne proferida,
dolorosa virgen rota:
Verga ciega tubular dentada gruñe profecías.
Slaughterhouse’s Crucifixion.
Pensó primero Anunciación, luego, escrito Sacrificio.
Arcos rotos de la luz preludian los gemidos.
Bombardeo tecnológico del miedo.
Matadero.

La mano alumbra, traza: sangre, Furias,
hierba,
oscuros cortinajes de cartílago/ectoplasma.
Espectros del violeta. Huracán su gris
de fondo en aullido congelado. Horror fosforescente…
pero no…
Fría y tenue la luz de la bombilla en la
escalera:
resopla, asciende, asoma y lo
desdobla su perfil el asesino.
Una oreja corta,
cae,
disemina,
pintura que lo escupe,
gotea...

Silencia un ojo alguien: lepra del azogue.
La cara, de fuerzas contamina, grita incertidumbre,
se deforma, estalla:
rota la figura mancha olvido para espejo.
La brocha, tiempo, espuma: en hombre desnudo se resuelve…
De fósforo las letras,
periódico vacío, in memóriam:
Carne blanda cotidiana se rasura su cadáver de etiqueta por un día.
Cacare  ergo sum.
Exquisita porcelana de inodoro pensativo.
Sombra espesa solitaria mana el cuerpo. Se levanta,
oscura de tentáculos palpita, abre un cuarto sordo, negro,
explora lo imposible.
Allí la imagen sangra mordida por lo
informe, terribles Euménides…
Un trazo, figural de armiño en los pinceles, bordea el agujero.
Cae de la boca el goce a lo innombrable…

Pero no, es plagio ya decir tiniebla en la tiniebla.
Tu llave gira, fría…
Podrido el pensamiento, al encender la luz, hierve,
su hondo tropel de ratas locas…



Armada y rota de violines la mano huracanada,
luz desangra cenital violenta sobre un lienzo, neutro
todavía…
Turbio espacio en un reflejo se disuelve:
Plaza. Templo. Matadero:
Carne loca convulsa enjaulada confundida en
fluir de toro y hombre.
Tauromaquia de la furia que deviene
pedazo de tiniebla manando su aullido.
Danza oscuro el líquido bifronte.
Negro vómito de abismo sobre el miedo.

Aislante vitrina del insomnio, espejo que desnombra,
libros en el polvo. Fotos de
fantasmas mordidos por el semen, pinceles del horror,
ausencia herida.
Desangrada soledad en el estudio:
Ciego caos gruñendo
prisionero bajo llave. Carcajada
grotesca del azar en un bolsillo…

Escupe al fin torero la tinta transitoria,
hondo el texto de tu carne a la página
de nada.Y rueden letras lentas
por la arena de tu cuarto…
Goteando sangre y luna tatuada de persianas, muerde
lógicos barrotes.
La bombilla del recuerdo en el cubo del desastre
-olvido en la escritura-
espesa y fría recámara oscura de silencio…

Nave de los locos, rara joya del delirio:
Brilla ebrio el bar su risa en alta noche.
Desgarrados alcoholes del jazz y
de la mente, pensamientos
retorcidos de un saxo
que te envuelve -pulpo verga floreciendo, saliva dientes lengua-
y sumerge poco a poco en el vaso azul de humo
la evidencia palpitante de un vértigo de carne,
la boca metafísica y su sexo de neón.



Escritura revertida/líquida en espejo el
Adentro llueve Afuera:
negra vulva del espanto anaranjado.
En abismo suspendida Otro pinta su pintar.
Exquisita porcelana de inodoro que la piensa.
Tina patas de león, agua discursiva
con su luz rememorante. Amarillo rojo azul …

Aporético el poema se dispersa en tuberías:
coágulo de nada,
oscuro vómito de insomnio,
sangre lúcida del sueño, excremento de la mente
ausente que no miente.
Remolino inconsciente,
agua lustral que mana de la vida…¡Clack! ¡uoaaahhhh!...

Pero no ¡coño! aquí no hay expresionismo nuevo, digo -el párate y dispárate con tu abstracto disparate-
ni torpe testimonio edificante,
ni difícil equilibrio ilustrativo,
ni frígida muleta resentida contra un
juego frotativo de cricas neobarrosas…

Muy afuera en roto adentro, in memóriam
-por la tela en su reverso-
tenaz fluye la muerte su rata en los escombros...

Se acerca, resopla, se aleja: Pictor ignotus.

Algo ciego ensombra sus manos cuando piensa.
Algo corta y gruñe por la tela cuando pinta.
Desatada tauromaquia del instinto.
Banda corporal que a sí misma se devora tinta en
miedo invertido y se retuerce. Magnetismo del vacío.
Trapecismo de la carne sobre huesos pendulares.

Resopla, se aleja, se acerca: Pictor ignotus.
Descorre una cortina:
En garfio suspendida la belleza eviscerada.
Slaughterhouse’s Crucifixion.
Violeta rojo negro…

Aquí no hay postvanguardismo ¡coño! ni
sujet supposé savoir de lo mirado, ni
poética supuesta del pintar y otras pamplinas.

Para mejor concentrarse algo en sangre se
disuelve, se licúa, se dispersa. Para mejor
estallar algo en negro se concentra.

Testigos de su muerte:
periódico en el piso,
hurtada escena de la letra,
lavabo frío del vértigo.


Hay diástole en la sístole.
Hay sístole en la diástole.

Dispersos por la luz, desposeídos,
copulan acoplados los cuerpos con
su sombra. ¡Oh júbilo que sangra!

Así respira la figura a
través de la membrana.
Deviene la estructura en su firmeza de
homogénea apariencia invulnerable,
duros dientecillos del abismo, nalgas,
piernas, glandes, amplios costillares,
frágil campo vectorial de carne rosa y turbulenta.
O lo inverso:
Se instilan los cuerpos fluidos que atraviesan los umbrales,
la membrana, los contornos -gota a gota retumbando- en el fondo vibrante luminoso donde trazo y figura se dispersan.
Amarillo rojo azul violeta verde anaranjado…

Por el túnel diminuto de la aguja todo el cuerpo retrocede a la jeringa.
Mar de luz originaria sin hombre todavía y su mirar oscuro.
¡Oh vida microscópica del tacto!
Intensa superficie imperceptible. Piel estrujada, confundida, duele,
con su fondo y con su altura sobre un plano indiscernidos,
con su cielo y con su abismo al fin resueltos,
en música que arde al dios que fluye desgarrando la conciencia estremecida... Mar ...



Y así, mirada insomne, goza ríspida y secreta la textura, abre intenso
un ojo testigo en la materia, racimos inmanentes de ojos en el tacto, pupilas en el gusto, en oído y en olfato, fotones en la mente. Vergas visionarias y altas vulvas de la carne.
Afuera del afuera: tenaz la vida fluye su rata en los escombros…
Milagro miserable, mas milagro.

¿Por qué alguien escribe, pinta, miente?
Al borde de otro cuerpo, desnudo precipicio,
la mano ardiendo late: hambre absorta en vocación de abismo suspendida.

Algo ciego gruñe por la tela cuando sangra: luz rabiosa originaria del toro y de los glandes.
Tenue la bombilla en el pasillo ilimitado fosforescen de colmillos locas bocas en el grito. Confundidas con el semen las caras se derriten por debajo de las puertas y descienden la escalera…
Sombría luz del vino. Intensa la caída visceral sobre los lienzos.

Derrumbe de sí mismo en duro afuera: Autorretrato. Sombría luz del vino... entinta las mucosas del adentro, barre con esponjas la materia, palpita, supura, se invagina de otro en su distancia,
de pápulas clítoris testículos,
esfínteres forúnculos tatuajes: Nocturno cazador de Nadie.

Portraits and Self-Portraits: estallidos de la luz en negro espejo: posiciones radiográficas del rostro que se pierde.
Condensa en un instante su perfil el asesino, rabia de pinceles y de espátulas. Torso que deviene retorcido,
herida    semen    lodo    sangre...
Se encharca dios en malva triste su carne
vulnerada, su flujo leopardo goteando labios rotos.
Coitus reservatus
Coitus interruptus
Deus absconditus

Placas radiográficas de Ausencia…



Rotos labios derrotados del orgasmo beben muerte. Vaso
de neón, espíritu del vino loco andrógino que sangra.
Dientes borran los umbrales de la carne sorprendida. Pero no:
lejano el ascensor y su latido sordo en la placenta ciega del hotel ausente, oscuro corredor interminable que parece conducir hasta el infierno, resoplantes cañerías del misterio:
asómase la tarde a través de las persianas.
De puntillas cautelosa la penumbra por los cuartos…

Vestida de neblina,
lento azul en ascensor sube la noche.

Puta en rojo es la ciudad entreabierta en los espejos…

Ahora, las sábanas revueltas, indómito rumor de los cuerpos enlazados. Resplandecen las manchas con la risa. Sobrevive su goce al epitafio…

Detente: contempla lo vivido. Algo extraño alumbra la carne cuando siente. Algo turbio ensombra los dedos cuando pintan y el óleo se levanta. Algo loco asombra las manos cuando piensan, su hombre se maquilla la bestia en cuarto oscuro, aletean solitarias de nuevo sobre un lienzo fría luz de los escombros.

Por la página perdida y la tela desgarrada, remotos ya la música, la fiesta, los licores, la imagen             se maquilla su hombre en roto espejo.                                                                                                                                                                      Por el río     de ciudades de la mente y sus noches de neón ensangrentado: palpables transeúntes del deseo. Por el óleo imprevisible y la textura de sus cuerpos: centrífugas manadas del pigmento y su memoria. 
Surtidor de agua en el desierto:                                                                                                                   ¡Francis Bacon vuelve!   

                                          





Poema escrito en julio de 2006 y publicado por primera vez en la revista País Cultural, órgano del Ministerio de Cultura de República Dominicana. Año 1, número 2, octubre 2006. La presente versión ha sido tomada del libro de Armando Almánzar Botello titulado: Francis Bacon, Vuelve. Slaughterhouse's Crucifixion, Editora Angeles de Fierro, 2007. San Francisco de Macorís. R.D. 






                                         


                                                              





jueves, 6 de mayo de 2010

Divagaciones en torno a la caída en el cuerpo. ¿Hacia arriba o hacia abajo?

"Dicho es mal dicho. Cuando quiera que dicho dicho dicho mal dicho. Desde ahora dicho sin más. Fuera desde ahora ora dicho y ora mal dicho. Desde ahora dicho sin más. Dicho por mal dicho. Por sea mal dicho." 
Samuel Beckett. Rumbo a peor

"El maldicho [médit] instalado en su reputado ocre: «No existe grado de lo mediocre a lo peor»" 
Jacques Lacan. Televisión

"Al caer he conquistado el cielo puro de la inmanencia."
A. Almánzar Botello. Legión en noche oscura

"Humpty Dumpty" (homenaje a Lewis Carroll)
  por  Kimber Fiebiger 


Armando Almánzar Botello  

                                                                                   A Samuel Beckett, In memoriam

1

Cuando alguien dice: El hombre se expresa o se cae "con o de" su cuerpo, está diciendo en efecto: El hombre se expresa o se cae "con o de" la carne, entendida ésta en su carácter meramente físico, biológico, anatomo-fisiológico y convencional.

Cuando alguien dice: El hombre se expresa o se cae "desde" su cuerpo, la construcción gramatical "anómala" (el usar la preposición “desde” -que expresa el punto de partida espacial o temporal de un objeto, proceso y/o acontecimiento-, en lugar de la preposición “de”) pone en juego un registro abisal, vectorial e intensivo del cuerpo, de la caída y de la expresión corpórea, que apunta, en lo real, "con intensidades puras y fuerzas en devenir", al espesor "espectral" de una corporalidad, digamos metamórfica, que no es equivalente a la "carne homeostática", convencionalmente 'objetiva', bio-física, orgánico-apolínea.

En ese sentido, alguien puede empezar a caer y/o danzar, carrolliana, lacaniana, artaudiana o deleuzianamente, no sólo “desde los propios pies” sino desde las rodillas, desde la cintura, desde la vulva, desde el tronco, desde el ano, desde la boca, desde la cabeza, desde el pene, desde el corazón...

Caer, entonces, no es ya un mero accidente: deviene, ahora, en "acontecimiento-sentido" contra-efectuado en el campo de la pura inmanencia. 

Seguimos aquí al Gilles Deleuze de "Lógica del sentido" (Lewis Carroll y la caída del huevo Humpty Dumpty) y, además, al de "Lógica de la sensación", libro éste de reflexión filosófica y estética sobre la pintura de Francis Bacon y su estrategia plástica deformante, figural y anti-representativa.


2

Por otra parte, Pablo Neruda dixit, en su poema Sólo la muerte, refiriéndose a la caída radical que es el morir: ...Como un naufragio hacia adentro nos morimos,/como ahogarnos en el corazón,/ como irnos cayendo desde la piel al alma...

"Caerse de sus (propios) pies", es un sintagma oral –frecuentemente utilizado en el habla coloquial hispanoamericana– que no es por completo lógico (el lenguaje tampoco lo es en su totalidad) pero que comunica perfectamente la idea de caída accidental de un cuerpo sobre su propio plano de sustentación. Lógicamente caemos “desde” lo alto, no "desde" el piso como plano de soporte. Por eso hay animales –los llamados rastreros– que habitualmente, en sentido estricto, no pueden caer… O por lo menos eso saben ellos hasta que encuentran las condiciones propicias para su caída, generalmente creadas por otro animal…

Evidentemente nadie se cae, en la realidad convencional, de los pies del otro. Pero cuando utilizamos como matriz o modelo este "sintagma oral cristalizado" y hablamos de: la "caída desde sus propios pies", pretendemos aludir al hecho de un precipitarse desde el cuerpo-organismo, anatómico, físico, material, hasta o hacia una región intensiva, abisal, inmanente, en la que ya está en juego otro tipo de cuerpo: el Cuerpo fenomenológico vivido y/o el  Cuerpo sin Órganos  de Artaud-Deleuze. Este último cuerpo debe ser entendido como juego de fuerzas y tensiones a lo interno del cuerpo convencional y que, paradójica y simultáneamente, lo desborda y constituye como organismo.


3

El Cuerpo sin Órganos (CsO) es la potencia del Cuerpo Intensivo que encuentra en el huevo, concebido desde el punto de vista de la embriología post-fenomenológica deleuziana, el campo de gradientes, vectores, tensiones, umbrales, en el que se operan devenires-cuerpos. La relación problemática entre organismo, lenguaje, objeto metonímico y cuerpo intensivo y/o libidinal, encuentra también, en el psicoanálisis de Jacques Lacan, una ejemplificación topológica en las figuras de la Banda de Moebius, el Cross-cap y la Botella de Klein, con su continuidad, complicación o torsión entre el adentro y el afuera.

El Cuerpo Intensivo no es más que el  Cuerpo sin Órganos  entendido como campo descentrado de manifestación de una única onda o sensación que recorre la multiplicidad de registros o dominios sensoriales y se expresa en ellos de una forma plural. La fenomenología habla, diferenciadamente, de un "desorden de los sentidos" basado en una mezcla de dominios sensoriales distintos, pero totalizados al final del proceso en una unidad sinestésica de las sensaciones.

La concepción del cuerpo sin órganos, niega esta presunta unidad de base fenomenológica del cuerpo vivido, tal como lo concibe un Merleau-Ponty, y afirma una única sensación problemática, atópica, que se resiste a la metafísica de la presencia y se manifiesta, como hemos dicho, en los diferentes registros sensoriales.


4

"Caer desde sus propios pies", expresa o significa entonces precipitarse desde el fundamento propio del cuerpo físico –los pies– hacia o hasta el cuerpo intensivo o cuerpo-pensamiento, cuerpo pasional o cuerpo de la sensación como aisthesis o sensación estética.

"Caer desde sus propios pies", es un viaje intensivo hacia los abismos de la carne, "desde" los "propios" pies. Viaje ontológico deleuziano, kantiano, en pura intensidad. 


Me caí desde mis "propios" pies -hacia el abismo de lo (im)propio: el Cuerpo sin  Órganos (CsO) en el que se descubre una superficie incorporal que testimonia dos cosas, por lo menos: la subida de la profundidad, y/o la caída de la altura sobre la superficie de... ¡la piel!

En verdad, "no hay nada más profundo que la piel" como decía el poeta Valéry... 

Por otra parte, la dimensión mística de La Caída de Satán o de Adán, puede encontrar en este enfoque post-fenomenológico deleuziano -sin que se niegue por ello lo teológico y lo cabalístico-, una vía interesante de aproximación exegética y hermenéutica.

¡Caer hacia arriba! Conquistar el cielo de la inmanencia en el acto mismo de caer. "Sólo en la caída se cumplen las presencias", nos dice con agudeza un poeta. 


Esto acontece así, porque fenomenológicamente todo incremento de fuerza, de tensión, se experimenta como una caída (Kant, Deleuze, Lacan).


"La caída es lo más vivo que hay en la sensación, aquello en lo que la sensación [como la pulsión de muerte] se experimenta como viviente. De manera que la caída intensiva puede coincidir con un descenso espacial, pero también con un ascenso" (Deleuze. Lógica de la sensación. Editorial Arena. 2002. Página 85).

La caída y la pulsión de muerte son el devenir activo de las fuerzas y las pulsiones. En este sentido inmanente, intensivo, toda caída es satánica y transformativa, porque hace subir el acontecimiento del Otro, porque hace devenir Otro al Mismo... 

De lo precipitadamente dicho podemos inferir, que la Voluntad de Poder (Nietzsche) descubre belleza y arte allí donde otros más débiles o empobrecidos -sensorial, cognitiva, ética y estéticamente-, sólo ven simple dolor o fealdad: la trivial o peligrosa evidencia de la magulladura...



© Armando Almánzar Botello
Santo Domingo R.D.
5 de mayo de 2010








lunes, 12 de abril de 2010

CARNALIDAD MUTANTE

Confecciones del cuerpo en el arte contemporáneo (Fragmento) 


                     Stelarc, artista del cuerpo protésico.



Por Armando Almánzar Botello

I

Tal como nos han revelado las investigaciones antropológicas, psicoanalíticas y lingüísticas, el ser humano se define y sitúa en relación con el mundo a través del Orden Simbólico.

Este orden significante, en gran medida constituido por el lenguaje articulado, contamina y labra la relación del hombre con lo real.

En ese sentido, se podría decir que todo cuerpo propio es desde siempre cuerpo impropio, por cuanto la artificialización es un efecto de la alteración y tamizado de la continuidad inconmensurable de lo real por los “espectros discontinuos” (Lévi-Strauss, Derrida, Wajsman), del registro simbólico de la cultura. Como nos recuerda Jacques Lacan: Cadáver queda, no se torna carroña, el cuerpo que habitaba la palabra, articulado por el lenguaje que lo cadaveriza.

Prolongando esta vertiente de nuestra argumentación podríamos aseverar también que todo cuerpo (im)propio es cuerpo protésico, pues el lenguaje como órgano artificial/natural (Lacan), las llamadas técnicas del cuerpo (Mauss), y el biopoder (Foucault), es decir, el conjunto de los dispositivos de artificialización semióticos, técnicos y tecnológicos a disposición del ser humano (tal como se presentan en formas estratificadas de poder en un momento histórico específico), contribuyen a definir radicalmente las modalidades de “propiocepción” del cuerpo vivido, y a perfilar lo que en cierto discurso fenomenológico se ha denominado subjetividad/carnalidad intercorporal.

Existe pues, a través del lenguaje y el símbolo, una inter-retro-acción compleja, en bucle (Morin), entre corporalidad visceral y excrementicia, cuerpo libidinal psicoanalítico, Cuerpo sin Órganos (CsO) artaudiano y cuerpo metafórico del espacio público y social.

Es preciso aclarar que el filósofo francés Gilles Deleuze, siguiendo los planteamientos de su coterráneo el poeta, actor, dramaturgo y pensador Antonin Artaud, entiende el Cuerpo sin Órganos (CsO) no como una simple ausencia de estos atributos orgánicos, sino como producción de un cuerpo metamórfico, transformativo, proliferante. Este cuerpo sin órganos, a diferencia del organismo como “silencio de los órganos” determinados, se define por la presencia actuante de órganos indeterminados, temporales y provisorios que se manifiestan en un juego metamórfico de intensidades que no debe ser confundido con la mera dinámica de la corporalidad anatomo-fisiológica y sus procesos de homeostasis orientados a la supervivencia.

II

La crisis del modelo corporal/urbanístico armónico y clásico –modelo que pretendía mantener ligados de forma solidaria, en aparente integridad funcional, el cuerpo propio del sujeto (determinado como organismo armónico y apolíneo), y el cuerpo de la ciudad entendida como cuerpo público y metafórico, presunto recinto de racionalidad y pureza–, posibilitó, con el advenimiento de la modernidad, la manifestación de una serie de fracturas, heridas simbólicas y atolladeros urbanos, que van a ser concebidos por el pensamiento semiótico, psicoanalítico, sociológico, antropológico, psico-geográfico situacionista, fenomenológico y post-fenomenológico, como síntomas a seleccionar, interpretar y analizar.

La quiebra del proceso biológico-cultural de “protracción”, entendido como antropogénesis de la cara y producción histórica permanente de facialidad o rostridad humanas, alcanza en el arte moderno su más significativa expresión esquizo-estética en los retratos realizados por Pablo Picasso, Alberto Giacometti, Francis Bacon, Andy Warhol, entre otros. En ellos se expresa la ruptura moderna entre la corporalidad estallada, devenida carne gozosa y/o sufriente, y el amueblaje de representaciones, emblemas y símbolos de status que servía de marco asegurador a la individualidad burguesa.

Después de la contra-cultura, ¿acaso estamos en el alba de una cultura, de un arte contra-natura?”, se pregunta en su ensayo "Un arte despiadado", Paul Virilio, el filósofo y urbanista galo, crítico y estudioso de las nuevas tecnologías informáticas, bio-telemáticas, quirúrgico-virtuales y genético-transgénicas que permiten, en fecha reciente, modalidades de expresión artística completamente insospechadas.

En la mencionada obra, el filósofo francés arroja un estremecedor balance de la situación de las artes en el contexto de la post-modernidad, y resalta lo que él considera una sobre-exposición histérica, para-psicótica o meramente espectacular del horror y la violencia, que, bajo la apariencia de una cierta crítica a ”lo dado”, promueve de hecho un imaginario ligado a la mutilación indiscriminada de los cuerpos para satisfacer en bruto las pulsiones sado-masoquistas y canibalísticas del espectador, convertido en “mirón” de la negatividad banalizada.

Para Virilio, teórico y crítico del cibermundo y de la dromología (teoría de la velocidad), lo anteriormente expuesto genera un crecimiento exponencial de la violencia simbólica y real del sistema, entendida como violencia estructural contra los cuerpos, como línea fría de simple destrucción y muerte en la que se ha perdido la genuina capacidad mutante y creadora de la desterritorialización estética.

La violencia convencional programada no participa de la “furia parsimoniosa”que caracteriza a la textualidad estética transgresiva y liberadora, abierta al carácter imprevisto y singular del aisthéton, del acontecimiento-sensible, entendido ahora en este contexto como transfiguración de la carne "accidental" -objeto inerte de las biotecnologías y del biopoder-, en teatro corpóreo de una nueva "crueldad" mutante.

Aquella consabida violencia sistémica contra la vida desnuda de los cuerpos (G. Agamben), complementaria del proyecto general de “pacificación” y guerra preventiva contra la diferencia, apunta a neutralizar, interesada y perversamente, los conflictos y tensiones necesarios entre lo simbólico, lo imaginario y lo real, con miras a reforzar la pasividad reactiva en los sujetos (existe una pasividad activa positiva cuyo valor táctico y estratégico aflora en ciertas ocasiones) y la desmovilización del espectador como subjetividad corpórea y política atrapada en la red espectacular de los poderes.

De modo similar o colindante con estas ideas de Virilio, han articulado la estrategia de sus respectivos discursos algunos pensadores del llamado porvenir de la "nueva revuelta", tales como Julia Kristeva, Jacques Derrida, Michel Foucault, Guy Debord, Martha López Gil, Rosi Braidotti, Ernesto Laclau, Jean Baudrillard, Néstor García Canclini, Alain Badiou, Massimo Cacciari, Mark Dery, Donna Haraway, Iris M. Zavala, H. Tristram Engelhardt, Edgar Morin, Gianni Vattimo, Giorgio Agamben, Slavoj Zizek, entre otros. En la compleja heterogeneidad de sus enfoques, estos escritores marcan nuevas posibilidades de reflexión sobre el lugar del cuerpo en la post-modernidad estética y en los procesos de planetarización.

III

Sin restar valor a las advertencias de Virilio, pero sin compartir una cierta 'neotecnofobia' que en algunas ocasiones parece impregnar a su discurso -quizá por razones estratégicas y preventivas-, consideramos que resulta necesario esclarecer críticamente, caso por caso, si determinadas manifestaciones artísticas que utilizan el cuerpo protésico como soporte, son realmente una exploración del sentido y de la extraña problematicidad de lo real inaudito, o resultan, por el contrario, meros fetichismos de los medios técnicos y simples “academicismos del horror” situados en el registro de lo intrascendente.

El objeto "seudo-estético" presentado como simple casting de la angustia, despoja al horror de sus poderes de revelación transmutantes, programa la violencia bruta contra los cuerpos y las poblaciones, y la legitima por trivializarla bajo el estatuto de simple accidente cotidiano. Frente a esta violencia representativa y banal, concebimos una textualización de la 'furia ilustrada' y del arrebato creador característicos de la 'escritura artística' entendida como 'plétora' o exceso que transforma la economía micropolítica de la corporalidad/subjetividad, sin dejarse atrapar por la violencia espectacular propia del guión del mundo ni por “el hacha del juicio normativo”.

La pura violencia espectacular post-moderna, enrejada en su aviesa estrategia de “comerse al otro”, corresponde a lo que Lacan denomina “floculación difusa del odio” en el Discurso Capitalista del Nuevo Amo: el Mercado “policéntrico”, competitivo y segmentado.

En este sentido, el filósofo Jacques Derrida nos habla de un carno-falogocentrismo, para expresar la unión indisoluble que se produce en el contexto de la tradición metafísica occidental entre canibalismo –real o simbólico- y el centralismo violento del falo, el logos y la oralidad, todo ello en detrimento de la escritura, el arte, el cuerpo, la mujer y el espaciamiento dialógico.

Sin abandonar la denuncia de cierta violencia seudo-artística postmoderna, se torna cada vez más urgente determinar críticamente cuándo estamos en presencia de un nuevo y auténtico 'arte trágico de la crueldad' -en el sentido artaudiano y renovado de esta expresión-, de un arte abisal y dionisíaco que, utilizando estratégicamente las potencias de la sensación y la corporeidad/pensamiento -por exceso de fuerza y humor-, explora significativamente, con los nuevos recursos tecnológicos, la dimensión de lo sublime y/o de lo siniestro situada más allá de la belleza tradicional entendida como simple velo del horror.

Como dice Lacan: producir y descubrir objetos artísticos a la medida de una est/ética rota cónsona con la urgencia del acto ético/creador puro.

Aquel arte quizá contribuya a revelar, atravesándola con sus luces y sombras, con su juego trágico-humorístico de vuelos y caídas, la trama ideológico-libidinal que subtiende a las modalidades y “dispositivos de semiotización colectiva” (Guattari), operantes en el cuerpo estético-político de la post-modernidad.

Ese arte de resistencia a que aludimos se debate con los nuevos materiales, temáticas, técnicas y novísimas tecnologías, en su afán de crear nuevos códigos y lenguajes, nuevas posibilidades semióticas situadas más allá de los usos y decursos cognitivo-instrumentales y pragmáticos asignados a las tecnologías por el mercado.

Siguiendo en esto a Deleuze y a Giorgio Agamben, podríamos decir que este nuevo arte de resistencia se opondría de modo parsimonioso al trazado cartográfico de jerarquías esencializadas y separaciones absolutas entre adentro y afuera, vegetal y animal, humano e inhumano, orgánico e inorgánico, vida desnuda y vida cualificada políticamente: zoé y bíos. De esta forma, las nuevas manifestaciones estéticas y biopolíticas que pretenden erosionar el fundamento de los poderes, del bio-poder, se regirían en su especificidad por un "principio de indeterminación virtual" operante en el plano de inmanencia subjetivo-corporal, social y político, abierto a la "beatitud" impersonal de una contemplación activa, como la concibe Deleuze.

IV

¿De qué modo y hasta qué punto las llamadas estéticas de ultravanguardia -representadas actualmente por la escritura hipertextual e hipermediática, el arte tanatofílico y transgénico de un Eduardo Kac, los “visionarios” de la realidad virtual, las experimentaciones biotelemáticas de interfaz hombre/máquina y las estéticas protésicas, carnales y de body art al estilo de Stelarc, Antúnez y Orlan, entre otras manifestaciones extremas- son meras genuflexiones ante los poderes más duros y simples consagraciones del Gestell tecnológico?

Heidegger concibe el Gestell como estructura de emplazamiento, imposición o dominio propia de una hipertrofia de la racionalidad predicativa y cognitivo-instrumental, previa al centelleo del Ereignis como Acontecimiento o Trans-apropiación liberadora.

Debemos tener presente que los fetichismos del objeto técnico que no alcanzan la articulación polivalente propia de las constelaciones semióticas de relevancia en el plano artístico transformativo, se constituyen en simples dispositivos de neutralización funcional del cuerpo y el deseo que pretenden mantenerlos encerrados en los consabidos límites de una axiomática del capital tecno-científico. Esa axiomática, con sus 'atractores velados', exige la producción de ideologemas seudo-innovadores y seudo-estéticos para ocultar y/o legitimar, ante los sujetos serializados, la magnitud monstruosa de las depredaciones y canibalismos cometidos por el cuerpo lleno, bulímico, voraz y realmente monstruoso del Capital Militar-Financiero-Cibernético.



Armando Almánzar Botello
Santo Domingo R.D.
Febrero de 2005

CLICK A ESTA IMAGEN PARA VER EL VÍDEO





                   
Enlace a: Arte Transgénico de Eduardo Kac. http://www.uoc.edu/artnodes/espai/esp/art/kak1101/kak1101.html

jueves, 8 de abril de 2010

La Caída

 Texto Neo-testimonial 

"Se requiere una suerte de contra-efectuación y objetivación de los fantasmas y accidentes que constituyen la formalidad primaria del yo empírico-biográfico, para desprender (polarizando esos elementos, interpretándolos y seleccionándolos) lo que Gilles Deleuze denomina la cuasi-causalidad de la obra como cuerpo erógeno y forma-sentido." A. Almánzar-Botello.

                          Obra pictórica de Ramón Oviedo

Por: Armando Almánzar-Botello

La magulladura proteiforme que se me presenta como efecto de la caída que sufrí en mi casa la pasada Semana Santa, se ha tornado en mi muslo izquierdo de un color morado-sanguinolento y se extiende sigilosamente hacia la región del pubis.

Se aprecia, por debajo de la vellosidad púb(l)ica, un tremendo y obsceno moretón —de estructura irregular muy curiosa, oscura como el sacro vino tinto— que me llega, sinuoso, hasta la secreta pulsación de la ingle. Su contorno figura el litoral de una costa como lo analiza Benoît Mandelbrot en su Teoría de Fractales.

Aparece, ahora, sorpresivamente, una maravillosa y surrealista confección carnal o novísimo diseño plástico en el pubis. Mi cuerpo intensivo palpita en proceso... 

Junto con los trazos de improviso polícromos en el dolorido muslo contuso, estos cambiantes diagramas abstractos ofrecerían, a la minuciosa inspección estética de un Max Bense, el coeficiente de tensión angular que implacable sugiere (para el ojo sensible del artista, por supuesto), el esplendor de los cuadros siempre actuales de Arshile Gorky, Jackson Pollock y Willem de Kooning.

Las manchas iridiscentes en la cara interna de la pierna y la fina red de vasos capilares desgarrados, evocan los gestos brutales de un demiurgo con espátula y punzón, que despliega rabioso el color y una extraña caligrafía terrible.

Pero hasta en ocasiones como ésta el cuerpo asume imprevistos gradientes de cierto nacionalismo patriótico. Y de modo solapado, como quien no quiere la cosa, la severa contusión y sus efectos figurales, que me hablaban en principio de un mundo pictórico expresionista-abstracto newyorkino (o figurativo-deformante a lo Francis Bacon), se re-territorializan o repliegan (no sé, en honor a la verdad, si de forma perversa o sincero-ingenuista), en una estructura plástica que exhibe ostensiblemente la sangre producida por el golpe inclemente que recibí, de un modo que sin lugar a dudas recuerda el estilo de algunos cuadros de nuestro querido maestro el gran pintor Ramón Oviedo.

¡Los mismos estallidos cromáticos y lineales sabiamente dosificados por la sensibilidad de un artista que sabe lo que quiere cuando está situado frente al lienzo! Claro, en él es palpable la influencia de Bacon, aunque nuestro admirado maestro —al igual que otro gran artista dominicano, Eligio Pichardo—, no lo reconozca así. Cartografía pictórica de cuerpos ignotos.

En este interesante caso de mi accidente, resbalón o caída 'desde mis propios pies', la tela viva, palpitante, dolorida, ha sido mi piel en convulsión estético-traumática. Mi secreto esqueleto estremecido sería el caballete y el marco o parergon. El Artista podría ser Dios, mi Mujer, el Agua derramada en el piso, el Golpe, o el Azar... ¿O quizá yo mismo, por distraído y torpe, pero me da vergüenza reconocerlo? No obstante se requiere, para producir la obra, de una voluntad formal que oriente y seleccione los acontecimientos...

Son tan inesperados los medios y concepciones de la obra de arte. Ahí encontramos el body art, la action painting y el performance para demostrarlo. Y todavía más: el de-construccionismo corporal y metamórfico del arte cárnico al modo de Orlan. Sin embargo, no pienso bajo ningún concepto que la sintaxis del cuerpo humano esté obsoleta, como creía fervorosamente un venerable cyborg, aquel anciano genial llamado Stelarc, cultor del arte robótico y protésico. ¡En fin!

Además, siento con gran intensidad, después del severo golpe creador, que casi me estoy derritiendo por la cadera izquierda. Experimento mi cinturón pélvico como si fuera un armazón de platino que estuviera sometido a muy altas temperaturas en hornos industriales de fundición de metales. Es como si unas vibraciones profundas de mi carne me llamaran con extrema intensidad y urgencia desde aquella zona de mi atónito esqueleto, para que el núcleo de mi ser ocupe otro lugar en un nuevo esquema corporal que no logra definirse ni organizarse y que mi raciocinio a duras penas alcanza a vislumbrar.

No hay programa previo de industrialización del sector metalmecánica en la carne; tampoco del sector agropecuario. ¡Ni soñar con una cirugía justa y digna! Tan sólo impera el simulacro de lo virtual canalla. La Pandilla.... ¡Buenos días Esperanza!... El cuerpo no encuentra en su agonía el alfabeto. Aunque siente seres humanos, metales, plantas y animales doloridamente bullendo por sus órganos. 

La Zona Cero de mi cuerpo, vertedero de Cancino Adentro, la tengo sumergida en pleno caos. Me fugo casi por ahí sin darme cuenta. ¡Vivo sin vivir en mí, y tan alta vida espero en Nueva York!... Chirridos, amores y gruñidos por allá, pero sin planificación ni previsión alguna...

Me habla en la zona dolorida de mi cuerpo un rítmico batir de alas o de olas. Extrañas máquinas también parlotean en mi cinturón sacro-coxígeo... Recuerdo, sin quererlo, cuando me late el golpe con sus vocecitas filosas y dentadas -y entonces me desgarran el dolor y la risa- a Lautréamont, a Jarry, a Michaux, al sufrido Artaud, al cuerpo meteórico de Tournier, a  Bousquet y su herida, a Raymond Roussel, a David Lynch, a Luis Alfredo Torres, a Manuel del Cabral, a Charlie Parker, a David Cronenberg, a Ramón Lacay Polanco... ¡Jo!

Por una leve conmoción cerebral casi me olvido de mencionar a Kafka y su mecanismo penitenciario, a los huevos indecibles de Carroll, Ionesco y Beckett, a la íntima esquizia de Cortázar (Teseo-Laberinto-Minotauro en las rayuelas), a la caída sin Ariadna de Cioran en los relojes, a mi César Vallejo           llorando, riendo y cantando en un baile de putas con Pedro Granados...

Pero no importa, amigo lector. Tal parece que la región encefálica de mi sistema biológico también ha sido afectada por el desgonce brutal de mi caída.

La aspirina que consumo por motivos cardiovasculares, me produjo la fragilidad capilar excesiva generadora o responsable del sangrado interno que ahora parece estar floreciendo en la tensa superficie de mi piel. Semeja en su ritmo un vivo tatuaje. Esto hace que yo luzca —como he dicho—, amoratado, parecido en el color a la entrañable fruta del caimito. Tengo en la pierna el color tropical de un mar envinado y borracho. Mi cuerpo recuerda un mixto fotográfico entre Polibio Díaz, Hans Bellmer y Cindy Sherman.

No tengo más remedio que tomarlo con paciencia y humor. Debo anotar todos los detalles de este viaje intensivo hacia los abismos de la carne. Hacia el mundo. ¿Hacia otros mundos?...

Sospecho que hallé curiosamente mi Camino de Damasco, la impredecible senda mística y fantástica. El accidente casero de mi desliz en Semana Santa, ocurrió el día previo a la Resurrección de nuestro Señor... Desgarradura del músculo aductor mayor de la pierna izquierda: ¡Puerta del milagro!

Pienso en ocasiones que ahora Dios me habla a través de las mutaciones de mi cuerpo. Ya lo decía el poeta Valéry: no hay nada más profundo que la piel.

Con la caída tremenda y después de la magulladura, mi ser yo entiendo que Dios ha transformado. Inscribe en mi carne con su letra cursiva el más puro dibujo que descubro perfecto. La huella de su mano brilla en mi epidermis una extraña belleza imprevista. Amarillos volátiles, rojos convulsos, verdes y azules aleteando en texturas y calambres, finos ritos de la sangre, intensidades puras, extraños laberintos por los que viaja la mente. Manchas en mi muslo después de la caída: ¡Obras de arte místico para la posteridad!

De modo inusual un Dios pintor escribe. Se ríe conmigo y me cura con arte.

Pero en otros momentos de humor desfalleciente, o de una lucidez quizá menos intensa, pienso que mi caída fue un puro accidente, que ofrece el testimonio de una verdad (b)anal: aquello que nombramos en la casa como "adentro", es el simple y provisorio repliegue apaciguado del Afuera inconcebible y turbulento...



© Armando Almánzar Botello
Santo Domingo R.D.,  Abril de 2010

miércoles, 31 de marzo de 2010

Breve Ontología del Viaje

A la humanidad en éxodo y exilio

Water of the Flowery Mill, 1944
Arshile Gorky (American, born Armenia, 1904–1948)


Por: Armando Almánzar-Botello



Diáspora de los significantes, pavor secreto ante un enigma: la experiencia del Viaje auténtico no comporta de modo exclusivo el mero desplazamiento de nuestro cuerpo denso por los caminos programados del mundo.

Viajar es publicar el ser y dispersarlo, para luego reordenar las esquirlas del sentido en una nueva, flexible y promisoria configuración.

Aventura irónica en la superficie del lenguaje, el viaje verdadero conjuga en su ambigua topología lo sensorial y lo espiritual, la purificación y la contaminación, el descubrimiento y el derrumbe, lo físico y lo metafísico, la atracción y el rechazo, el riesgoso deslizamiento de nuestro cuerpo erógeno sobre la tensa cuerda que atraviesa el abismo de lo incierto.

Viajar no es tan sólo explorar lo extenso, la geografía material, objetiva y palpable por la que discurren precisos nuestros pasos. Viajar es también cartografiar el paisaje intensivo y enigmático de nuestras pulsiones y turbulencias recónditas. Quien viaja en sentido fuerte explora, no sólo las evidencias del Camino, sino algo más: las ingrávidas ensoñaciones del alma y el oscuro reclamo de los cuerpos.

El viaje convencional de evasión y vacaciones planificado por la agencia turística, deviene fácilmente en “no-viaje”. Este preserva y refuerza, con sus apretados programas de visitas epidérmicas que mantienen a raya la alteridad y la diferencia, los escotomas narcisistas, presunciones y “consistencias” imaginarias del consabido sujeto urbano promedio de las sociedades avanzadas.

Prisionero de "lo mismo", sometido a los rígidos carriles del tiempo convencional administrado, el común viajero turístico de nuestros días pierde de vista casi siempre la multiplicidad irreductible de las culturas, al desplazarse quizá robóticamente por una yerta geografía universal de estereotipos y de fríos establecimientos para el expendio de comida rápida. Estrategias globales de posicionamiento mercadológico en la complejidad de un paisaje cultural unidimensionalizado por las megaestructuras guerreras monocéntricas, los protocolos trivializantes del guía turístico y la dislocación publicitaria telemediática.

El auténtico viajero se desliza por la pulida superficie de un receptivo silencio originario, donde la presunta pureza axiológica del “adentro” celebra sus bodas extrañas con el “afuera” que mancha.

Quien en verdad viaja, -no sólo de modo profano, burdo y realista, sino iniciático y erógeno- se desplaza simultáneamente hacia “afuera” y hacia “adentro”, hacia el futuro y hacia el pasado, hacia arriba y hacia abajo: hacia el torrente lúcido de estrellas que arden en la sangre.

El viaje deviene entonces crucial experiencia ontológica de muerte y renacimiento. Escritura monstruosa de la infancia. Espacio pululante de lo múltiple donde cada accidente participa del hechizo inmarcesible de lo único.

El viaje auténtico: vivienda del desamparo y el desasosiego absoluto. Abandono voluntario de las seguridades ligadas a nuestros circuitos convencionales de vida. Despliegue riesgoso pero liberador que nos obliga a una confrontación permanente con la marginalidad, la pobreza y lo siniestro. Con aquello familiar y conocido en el tiempo del origen que devino extraño y amenazante por la represión y el olvido.

Los significantes “extranjeros”que nos aguardan en el camino, sorprendiéndonos con el resplandor de su extrañeza, pueden activar en nosotros las vivencias oscuras de Das Unheimliche (lo siniestro: Freud) y obligarnos -dependiendo de cuán dotados estemos para la catástrofe metafísica y la deflagración poética- a la urgente redefinición de la totalidad de nuestra vida.

Hoy, sofisticados bárbaros con atavíos cibernéticos, exploramos también los caminos virtuales de la red ilimitada con la lúcida o turbia pasión rememorante de un pasado nómada que vuelve: peregrinación convivencial de lo diverso; arqueología compasiva del viaje sin fronteras; patria utópica de pasos y latidos enlazados: móvil, policéntrico y erógeno tatuaje sobre el cuerpo compartido del instante...

El “marketing de lo natural” y la naturalidad del marketing, floreciendo de una misma agrimensura celeste, en el ejercicio del biopoder asesino, en el falso júbilo planetario del fin mentido de la historia, en el círculo contabilizado del eterno retorno de la Bomba... [¡Ahora la masacre israelí contra los palestinos de la Franja de Gaza!]

Viajamos cada día por el borrador de un texto           -planetario, dialógico, sin límites- donde la guerra genocida se disfraza con el nombre de lucha por la dignidad humana, el odio y la venganza enmascarados de amor se difunden con el viento radioactivo, el “choque de civilizaciones” se perfila ominoso en el horizonte, la instancia de una letra nos resulta dolorosa, irrenunciable, y el punto y aparte frente al dolor del prójimo se revela conflictiva materia de juicio metafísico y moral. Punto y aparte.

La real exploración de la distancia, el desplazamiento del ojo del viajero por la línea de fuga que conduce a la desgarradura de lo Otro, a lo desconocido que nos arde, permite también un insospechado redescubrimiento de la fina textura de lo próximo.

Desde la aparente claridad íntima de lo propio, iniciamos la travesía mítica que nos arroja, palpitantes y atónitos, al espacio de los terrores y hechizos primordiales.

Más allá del asco, el miedo, la angustia -formas de la retracción del ser ante la amenaza contaminante de la pobreza, lo excesivo y lo extraño -exploremos la oscura turbulencia seminal del Afuera absoluto que nos habla por detrás de la seguridad de todos los límites.

Allí sufriremos, tal vez, la insospechada revelación retroactiva del oscuro núcleo de monstruosidad e injusticia que late ominosamente en la supuesta pureza benéfica del adentro.

El alumbramiento de lo lejano produce, de modo simétrico inverso, la enigmatización y el espesamiento de lo que suponíamos entrañable, conocido y doméstico. A través de la experiencia del viaje afinamos nuestras percepciones, agudizamos nuestra conciencia para recibir lo inconmensurable, redescubrimos lo íntimo bañado por una nueva luminosidad increíble.

En el claroscuro del camino rememoramos las potencialidades e insospechadas aristas de lo próximo. Viviendo la alternancia de la ida y el retorno, el viajero descubre que la domesticidad del “adentro”es una provisoria invaginación apaciguada del “afuera”turbulento...

Explorando lo ajeno y lo distante me reconcilio a través de la nostalgia con las delicias y horrores de lo propio.

Tórrida de palabras vibrantes o nevada de silencio, en la experiencia poética del paisaje fluyente encarnan los fantasmas. En el viaje se disuelve el espesor unívoco de lo real. El sueño activo se transmuta en carne y mundo. Aprendemos, recorriendo la piedad, el temor y las distancias, a ser cada vez más nosotros mismos a través del laberinto del no-ser.

Extraña topografía iniciática la del viaje, donde la vida se desliza hacia una muerte que a su vez engendra vida.

Sondeamos aquí el misterio palpable de toda visión cosmogónica del universo turístico. Si viajar es el morir de nuestras certezas apodícticas y seguridades axiológicas -hacer la experiencia escritural de lo ajeno, el desasimiento, la impermanencia y la disolución- morir es también, inversamente, continuar en la memoria de otros cuerpos el viaje de retorno hacia el enigma de lo (im)propio...



Septiembre de 1999.
Santo Domingo, R.D.
Tomado del libro Cazador de Agua y otros textos mutantes (Antología poética personal 1977-2002.) Editora Gente, Santo Domingo, R. D. 2003

                                                                             

domingo, 21 de marzo de 2010

Cañería de desagüe

"En el agua depravada de las cisternas otros bebieron la locura y la muerte." Jorge Luis Borges



Por Armando Almánzar-Botello



Todo poema es ahora una cisterna... Cuentan las crónicas que un día remoto fue río, lago, torrente, fluencia... Hoy, en nuestro mundo gris emparedado en miedo, en antropofagia nueva, en codicia larvada, en oscuros códigos binarios, el poema es agua cavilante y discreto rumor en la cisterna.

Con letras flotando el soñar inaudible, con trágicos animalitos muertos, agua de cisterna es el poema contraído, pero siempre agua niña palpitando de misterio, mínimamente limpia, si queremos disfrutarla —fresca, visionaria, desnuda— en nuestras mesas desiertas.

El agua dormida y secreta que reposa en las cisternas, como en el arte de Escher, sirve a los hombres honestos para poblarles la sed de imágenes imposibles, para encenderles la foto anterior a la conciencia y al origen del Universo, para diseminar en los labios, en el paladar y en el alma, una dosis de justicia y de antiguos misterios.

Y es mayor el puro ardor de su deseo sagrado, en estos tiempos aleves de las Corporaciones Transnacionales en que la magia se pervierte en criminal clarividencia: ¡desocupar con discreción y aprisa la vergüenza mercurial de los retretes!

¡Oh, "aporética época oscura en la que el precioso líquido brilla con más valor místico y pragmático que el oro tangible"!  ¡Ay,  Cazador de Agua!

Hasta los ricos necesitan el agua para poder saltar con indiferencia a sus piscinas atónitas. Y un día lo dijo Céline: ¡los ávidos empresarios y los militares de alta graduación adoran las flores y necesitan agua fresca para regar sus jardines!

¡Oh, terribles inversores, exportemos, desarrollemos la floricultura transgénica!

¿Pero dónde, dónde está el poema, que lo busco y no lo encuentro?

El poema en esta página está rodando por el suelo. La poesía no vale nada.

¿La poesía no vale nada?...

Entre tanto, amigo Pessoa, "por callejas casi irreales de tan angostas y podridas", "los pobres sobrellevan su hábito de dolor", y el pan, el agua, el aire, amigo Auden, no son suficientes todavía para las bocas y las manos, y hoy languidecen, taciturnos, el cuerpo y el pensamiento.

¡Oh, canallas empresarios indolentes! ¡Oh, malignos arribistas gobernantes! Como quizás lo dijo Hölderlin: ¿Para qué la poesía en tiempos de miseria, para qué la poesía en tiempos de ladrones?

"Esta canción estaba tirada por el suelo", dijo Mieses Burgos, quizá sin sospechar lo que vendría. ¡Oh, transgenia textual imprevisible!

Contrabando de códigos, órganos y textos: ¡política de apropiación de insignias el poema falso! Espurio por ajeno y proferido en otros labios. Agua Magna robada por insignes banqueros a los nadie: ¡A la gente! ¡A nosotros! ¡A los mortales!

¿No es cierto, de nuevo, viejo insulso poeta? ¿No doy en clavo dulce, —como quien dice agua— antipoeta Parra?

Misión-Visión del Enemigo Malo: ¡Vaciarnos la cisterna! Des-prestigiar al Estado Nacional, Presti-digitar lo Privado, comerciar con el paisaje, con la política y los cargos, comprar conciencias, reciclar, embotellar, esclavizar un agua mercantil entristecida en cañerías y bestiarios de desagüe. Servirla encorsetada, corrompida de otro modo más inicuo, en las mesas rituales de asesinos y plutócratas. ¡Oh aviesas cañerías de desagüe fraudulento!

El agua limpia brilla por su ausencia como Dios en la teología apofática. Pero no. ¡Recóndito animal es el agua zoomórfica, en verdad hierofanía inapropiable!

¡Oh, agua lustral y pagana del río caudaloso, de la fuente y la cascada! Todo corrompido por el Monoteísmo de las Multinacionales.

El hombre rico postmoderno en verdad ya no se baña; chapotea en su propia fraudulencia irreflexiva: albercas de ignominia y orgías de jacuzzi. Contamina con desechos y ambición todo el planeta, aumenta cada día el número de pobres y pretende encerrar lo numinoso en un bolsillo.

Y filántropo el Ser almuerza bien su ontología guerrera y su caviar y tiene siempre mal aliento: el humo, la bomba, la muerte y el Complejo Financiero-Militar... Pero no importa: faltriqueras llenas de agua, corazón contento... ¡de las transnacionales del "agua encarcelada"! ¡Si es que tiene corazón un generoso ecologista magnate cibernético!

Predica en un desierto el sacro Libro de Agua       —testimonio de agudos zahoríes hermeneutas—,     y denuncia un falso vuelo de pájaros podridos en fatal entendimiento.

¡No a la Barrick Gold! El oro verdadero está en el alma. En el discreto misterio del paisaje inviolado... aguardando...

La vieja y asesina Plusvalía se desnuda, esfinge sin glamour. Imperio: Muerte. Inicua se masturba sus Narcisos de nuevo en los reflejos: el fulgor aurático de la mercancía bebe, negocia, contamina el agua con la marca: su frío y turbio desamor constante. Disfrazada de inocencia roba, engaña, oculta lo más puro del río en los espejos... ¡La vieja y asesina Bestia Ciega!

Pero el agua sensitiva del poema intacto se resiste; su cuota de olvido y dolor en las cisternas se resiste. El agua reflexiva, no simplemente cartesiana —aunque sí artesiana en la surgencia— combate a las legiones de demonios: Corporaciones Transnacionales de la Muerte.

Ella, el agua libre, pura, impura, del sentir originario reverente, irreverente, generosa derramándose más allá de las fronteras, sosteniendo precario su equilibrio aquí en tu vaso, retornará siempre alegre —con su rítmica, lúcida insurgencia—, a castigar con la dura piedad a los culpables, a lavar quizás de infortunios la cara del planeta —sus mundos múltiples posibles—, a brindar compasión a la sed del viajero en los acueductos públicos, a reflejar lucidez en la mirada limpia de quien nos pueda todavía leer, sin enturbiarla...

¡No, a la Barrick Gold! El oro verdadero está en el alma. En el discreto misterio del paisaje inviolado... aguardando...




© 2010. Armando Almánzar Botello
Santo Domingo, República Dominicana. 

viernes, 19 de marzo de 2010

¿Qué puede rota una mujer?


"Mujer ante el espejo" Paul Delvaux
 

Por: Armando Almánzar Botello

A Simone de Beauvoir,  In memoriam


¿Qué puede rota una mujer en soledad llorando,
si danza su temible verdad ante un espejo, 
                                                             si la escribe,

y la imagen de su madre con el humo persevera, 
en volutas y desastres la circunda,
le usurpa en el recóndito vitral su pensamiento,

le impide sonreír su propia imagen
y vuelve lentamente su rostro
un gris desierto?

¿Qué puede rota una mujer en soledad escribiendo?



2010


© Armando Almánzar-Botello
Santo Domingo, República Dominicana.2010.

martes, 16 de marzo de 2010

¡Dancemos de nuevo el paisaje!

                                             
                                                                                                     

                                                     
"Let us go then, you and I,
When the evening is spread out against the sky
Like a patient etherised upon a table"
T.S. Eliot
                                                                                                                                               
Por Armando Almánzar Botello



!Vamos mujer a danzar el paisaje!
Vamos amiga:
¡dancemos el vértigo!

Contra el humo amarillo del tedio enjaulado
y su muerte de ratas y aullidos autistas,
abre las lumbreras de tu pensamiento.

De invidentes espejos vacíos y tristes,
del vuelo podrido en el entendimiento yerto
de cisternas con odio tapiadas,
huyamos amiga:
¡dancemos distancias!

¡Oh pantallas insomnes de espanto sombrío,
neón fraudulento y prosodia de sangre!
Alguien borra lo escrito y esgrime silencio...

Hacia un beso viajemos, hacia el horizonte...
Por el filo del cuchillo y su fría línea de muerte,
hacia la piel más intensa
de la contemplación ardiendo.

Regresemos al tiempo del milagro y los ancestros,
a las voces tranquilas de los montes clementes,
a la humildad preciosa de secretos metales,
al brío limpio del torrente y su lúcida cadencia.

Orgullosos de ser y en el des-ser  veloces,
viajando con la furia por mi página despierta
desde un cielo sumergido enviemos cartas a la muerte...

!Vayamos mujer a danzar el paisaje!
Vamos amiga:
¡dancemos el vértigo!

Armando Almánzar Botello
Santo Domingo, R.D. 2010

martes, 9 de marzo de 2010

Recuerdo que un día exploramos danzando...

"¿El miedo?: una máscara siniestra del goce desmedido, de la furia de vivir sin las fronteras..." A. Almánzar-Botello.
                                     

Por Armando Almánzar-Botello  

A Albany Aquino


Recuerdo que un día exploramos danzando  
el vértigo inefable 
de las carreteras: 
                              dos lúcidos desiertos borrachos que viajaban 
a lomos del jazz pasional, 
                                           turbulento...

Firme tú al volante,
bebimos distancias al evocar el mosto de mujeres remotas... 


Sin fin celebramos con las yemas de los dedos
la magia palpable de un torrente di-vino,
amistad resplandeciente y honda fuerza 
de Dionisos, 
                     dicción lujuriosa del panorama 
en fluencia:
                                poesía 
                              goteando
                       pulsiones del vacío
                              
                               prosodia 
                             claroscura
                                    y
                       espirales del texto                       
                       
                     torbellino alfabético
                 sobre la página hermética
                    de un mundo reluciente... 

          Y volviendo en la vigilia del incendio

               a la rabia nocturna de la urbe,
degustamos en la fiesta chivito expiatorio.
 Sangró nuestro deseo en laberintos góticos,  
en rituales discotecas,
en parques canallas de vegetación fosforescente.
 
                           Comimos niebla de la noche:
carne titilante del mito que la inventa. Nos robamos
en la furia 
              el candor de los desastres...

Luego                   lentamente 
besamos el misterio 
                                 de las sencillas muchachas:
altares de lo eterno: ¡hambre abismo de belleza!

Y tocamos con el saxo un poco del enigma:
                  lo tremendo evidente...

Recuerdo que un día exploramos danzando...




(Texto retocado)

© Armando Almánzar-Botello
Santo Domingo, República Dominicana.


                                              

martes, 26 de enero de 2010

¿Machista Gramática Española?

“El género es una propiedad de los nombres y de los pronombres que tiene carácter inherente y produce efectos en la concordancia con los determinantes, los adjetivos… y que no siempre está relacionado con el sexo biológico. Las personas no tenemos género, tenemos sexo. De ahí, que la expresión “violencia de género” sea incorrecta porque la violencia la cometen las personas, no las palabras. En nuestra lengua se debe decir violencia sexual o violencia doméstica, como nos indica la Real Academia Española”.   Resumen de la consideración Académica que no comparto…

  Cum grano salis
Consideraciones intempestivas

Por Armando Almánzar Botello

I
He recibido recientemente, gracias a los correos electrónicos de algunos amigos poetas y académicos, unos interesantes datos acerca de la Nueva Gramática de la Lengua Española en dos volúmenes, obra editada por la Real Academia Española y la Asociación de Academias Americanas de la Lengua (Espasa-Calpe 2009).

Según nos dice la información obtenida, este importante documento es la primera gramática académica publicada en nuestra lengua desde 1931, y ofrece los resultados de once años de investigaciones y análisis realizados por las veintidós Academias de la Lengua en el mundo hispanohablante.

No lo he adquirido todavía, pero desde ya observo, en separatas de dicho documento ofrecidas por diferentes medios, que "unas van de cal y otras de arena".

Por ejemplo, puedo comentar que no estoy de acuerdo con la definición de "Género" que figura en el nuevo diccionario normativo. Su carácter evidentemente restringido es el que genera el quid pro quo que, a mi entender, podemos observar en el texto en cuestión.

Sin que "pequemos" de feministas, debemos resaltar que aquella definición de "Género" se limita sin dudas al aspecto meramente gramatical de dicho término, pues obvia la dimensión antropológica, política, sociológica y psicoanalítica de ese concepto (Gender) en el campo de los actuales Estudios Culturales, postestructuralistas y neo-marxistas.

Si entendemos por Género los atributos asignados cultural e históricamente a la diferencia sexual entre hombres y mujeres, podemos hablar de "violencia de género" para aludir a los conflictos y a la modalidad de violencia que resultan de la adjudicación "arbitraria" de roles y cuotas diferenciadas de poder a los sujetos de sexo diferente. 


La violencia de género podría ser del hombre contra la mujer (violencia contra la mujer), pero también de la mujer contra el hombre. Aunque muchos autores prefieren conceptualizar a esta última como 'violencia de pareja', reservando la categoría 'violencia de género' para aquella que se ejerce contra la mujer.

Asimismo, no discutimos aquí el tema de la "violencia de pareja" en el contexto de las relaciones homosexuales masculinas y femeninas. Entrar en estas matizaciones y diferencias sería el tema de otra reflexión.

Bástenos por ahora señalar que el concepto de "género", en la acepción descrita anteriormente, es algo distinto del simple "género gramatical" como propiedad lingüística, aunque guarde una cierta relación con esa arista del problema.

Del mismo modo en que los Estudios Multiculturales analizan la "violencia de género", podríamos hablar de "violencia racial", "violencia ideológica", "violencia verbal", "violencia sistémica" (Slavoj Žižek), etc. Evidentemente, la violencia aquí no la ejercen como entidades la raza, la ideología, la gramática o el discurso verbal, ni el sistema abstractamente considerado, sino los sujetos concretos involucrados en sus diferentes prácticas histórico-sociales y político-discursivas.

Al considerar gramaticalmente inadecuada la categoría de "violencia de género", los autores del nuevo diccionario proponen la utilización de sintagmas tales como "violencia doméstica" (restringida, como es evidente, al ámbito privado del domus) o "violencia sexual" (con toda su ambigüedad, en este caso estratégicamente inadecuada) para sustituir a la primera categoría que 
menciono, sin dudas problematizable críticamente desde una perspectiva filosófica, antropológica y psicoanalítica, pero no por ello menos válida y operativa en su particular registro teórico y su relativa coherencia.

En este contexto, la propuesta de la Academia me parece que implica un reduccionismo epistemológico y una "despolitización familiarista" de la categoría de Género (Gender).

Por otra parte, ese posicionamiento conceptual contribuye a crear y/o reforzar una confusión entre diferencias sexuales (bio-psicológicas y construidas por el significante, inscritas en la llamada Tabla Psicoanalítica de la Sexuación: Jacques Lacan) y Género (diferencias más amplias de roles y valencias de dominio entre los sexos, construidas por el cambiante contexto simbólico, histórico-cultural).

II

DIGRESIÓN SOBRE LO NATURAL Y LO ARTIFICIAL

La relación que podemos observar entre Physis y Techne, por ejemplo, no es similar a la que existe entre Naturaleza y Cultura.

Entre Physis y Techne existió, en el contexto de la cultura griega clásica, una relación de copertenencia o coapropiación que no se da en la oposición occidental más tardía Naturaleza/Cultura.

Posteriormente, el gran poeta latino Lucrecio, siguiendo en esto a una cierta vertiente de la tradición griega (que por cierto no es la de un Diógenes de Sínope), decía que la naturaleza se artificializa a sí misma, al participar de una "técnica generalizada" (Derrida), y que el grado máximo de artificialización a que llega ésta es... ¡el hombre mismo! (De Rerum Natura).

El concepto de "naturaleza", como algo opuesto radicalmente al "artificio" y a la industria humana, es una invención tardía de la Escolástica. Aunque se puede rastrear su raíz en los pensamientos platónico y peripatético. 

No decimos que no exista la oposición metafísica entre ambas categorías; decimos, problemáticamente, que ella no es, de hecho, una oposición que permita, aunque lo pretenda, un deslinde puro, sin resto, entre lo "natural" y lo "cultural". En todas las prácticas del Homo sapiens, lo "natural" se "humaniza" y lo "cultural" se "naturaliza". Existe entre ambos términos, "naturaleza" y "cultura", más que una oposición esencialista, antinómica, una relación de "contaminación" (Derrida) o de "síntesis disyuntiva" (Deleuze). 

No podemos percibir nada "natural", nada que podamos conceptualizar como tal, sin que trabaje ya en "eso" la huella, la marca, de un proceso de artificialización. De modo simétrico inverso, no existe nada que podamos llamar "artificial", "cultural", que no esté enraizado en la Physis, en cierta "materialidad precedente". Más que una contraposición esencialista, la deconstrucción percibe en los términos de esta oposición sin pretensión alguna de eliminarla de una vez por todas, la historicidad de lo que denominamos "naturaleza" y de lo que conceptualizamos bajo la categoría de "cultura".

La categoría de Género es ciertamente "deconstruible" en su oposición al "Sexo", entendido éste como algo dado de modo "natural".

Se puede mostrar filosóficamente que la oposición naturaleza/cultura ya es, de parte a parte, como diría Derrida, un hecho de cultura y de discurso.

Spinoza hablaba de una diferencia entre "Natura Naturata", considerada como producto y explicatio, como algo constituido, y "Natura Naturans", concebida como instancia constituyente que transgrede todas las oposiciones metafísicas —incluida la misma oposición de la que forma parte, hasta conducir a una suerte de complicatio indecidible.....  

III


Volvemos ahora al "tema vivo" que nos ocupa. Después de esta digresión que pretendemos esclarecedora, se hace preciso señalar que, no obstante su relación estructural profunda con la tradición metafísica a la que intenta escapar, la categoría postmoderna de 'Género', en su apuesta política y filosófica, se propone atravesar, por lo menos, la oposición privado/público. La teorización de ese concepto pretende superar el encierro y el "silenciamiento" político de la violencia asociada a la diferencia sexual clausurada en el ámbito del domus (casa, hogar). De hecho, existe toda una dimensión antropológica, histórica, socio-política de la violencia de género, que opera más allá de la simple violencia ejercida contra la mujer en el contexto exclusivamente doméstico.

Por otra parte, el significado del ambiguo sintagma "violencia sexual", puede confundirse con el de otra categoría menos amplia, aunque ésta pueda ser expresión particular de la violencia de género: la violación sexual. ¿Dónde están los especialistas que asesoran a los académicos?...

En cuanto a la llamada "redundancia de género" en el sentido de género gramatical, 
por ejemplo: diputados y diputadas, escritores y escritoras, niños y niñas, muertos y muertas, etc. me parece que lo "correcto" y funcional es apelar, por principio de economía lingüística, al 'universal masculino'.

Es válido suponer que 
pensando en términos estrictamente gramaticales, no existe en las lenguas, por necesidad lógica intrínseca, un lazo esencial, "natural", entre sexo y género gramatical. En este punto estoy de acuerdo con lo que establece la "nueva" gramática académica

Sin embargo, estar de acuerdo con la viabilidad y fluidez del sentido en el enunciado, con cierta funcionalidad económica del discurso, no implica que se desconozca 
la necesidad de cierta "deconstrucción diseminante" de la fórmula universal masculina, por encontrarse ésta ligada en su arrastre semántico inevitable y estructuralmente, a cierto androcentrismo, a la genealogía cultural que Jacques Derrida denomina tradición occidental falogocéntrica. Esta advertencia contra la renegación perversa (Verleugnung) y el desconocimiento de la diferencia masculino/femenino, se hace más válida y justificada en el contexto de las lenguas indoeuropeas, con todo lo que Benjamin Whorf percibía en ellas de esencialista y cosificador...

Decía Jacques Lacan: La mujer no-toda es. Tachaba el "La" de vocación universalizante. 

Algo de ellas, las mujeres, escapa a la función fálica.

Como a "la verdad", como a la escritura y su "productividad en marcha", sólo podemos aproximarnos al inaferrable resplandor de la mujer, merodeándolo...

No hay normativa que agote o regule de modo taxativo su "eterna ironía" desestabilizante.

Está comprobado históricamente, medrosos aurigas de la Inquisición letrada: nosotr@s, l@s adorables feministas, pondremos a funcionar —seductora, continua, ingeniosa, tenaz  e imprevisiblemente—, el 'machómetro' filosófico y ético-lingüístico, para elaborar nuevas micro-máquinas deseantes, nuevas propuestas creativas e insólitas armas escriturales contra los polvorientos Destacamentos Académicos de la Lengua Española armada de caducos prestigios y de airados: "¿Por qué no te callas?".

Así que: ¡Todavía no nos felicitemos, Machos!




Lunes 25 de enero de 2010.

martes, 5 de enero de 2010

¿Esto es una carta de amor? ¿Tú qué piensas, Rubí?

"Rota la belleza, cobra cuerpo el futuro insondable del espectro. Alguien traza iluminado, lentamente, la escritura invisible de los nombres..." A.A.B. 

                                                                                
                         Obra plástica de Pierre klossowski


Por Armando Almánzar Botello


A la memoria de John Donne


Querida, no seremos ahora un poco pesimistas. Mas la vida que nos muerde -juego terrible del espejo proteiforme, fragmentado simulacro de semblantes-  aquí en la página hablándote  lo exige por exceso misterioso de un goce irrefrenable...

El espíritu, como un soplo seductor sobrevive a la decadencia de los cuerpos, y en la equívoca prosodia, encarnado, se hace belleza inmortal que por sólo pudor no debe decir nunca: "Yo soy la belleza indestructible, imperturbable, que se desnuda cegadora de luminosidad cortante"...

Sin embargo, yo, no siendo más por siempre el que sería, cuando hablo y monologo por tus bordes -humildemente roto, solo y frío, en olvido de la herida ineludible, inaudita que recuerdo-, palpito, sangro, caigo, y estoy casi por ti derramado todo aquí en el pecho.

Tal vez digo, decir quiero, en tiniebla oracular y cine, que te persigo, te acaricio extrañamente con mis soplos, deseoso de leerte la mentira por la espalda, texto místico tan sólo descifrable allá en tu sueño, letra diminuta del retorno, palpable chorro de tu carne alada y ciega.

Veraz  llega el amor cuando se ofende imaginario, y se enciende, ruboriza la mirada destrozando una vez más lo inaferrable del espejo. Y entonces, lúcido en la furia su escritura nos derrumba, nos calcina... su volcánica memoria no perdona...